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Guía rápida para morir bien

(prepararnos a nacer en el cielo)

La Virgen era un ser humano como nosotros (un ser humano único, como no volverá a haber, pues fué madre de Dios y nació sin las consecuencias del pecado original).

Ella subió al cielo sin pasar por la muerte, pero nosotros no. Por ello es conveniente recordar algunas cosas importantes sobre la muerte.

Morir es igual de importante que nacer

Los astrólogos saben que la “carta natal” (la posición de los astros en el momento del nacimiento) describe cómo va a ser la vida completa de la persona. La posición de los astros al nacer nos dice con qué circunstancias nacemos, con qué dificultades y facilidades, con qué habilidades y torpezas. (También por el movimiento totalmente predecible de los astros sabemos su posición futura en cada uno de los días de la persona y por tanto, los tipos de pruebas que pasará en su vida).

Los astrólogos también calculan cartas natales de proyectos o matrimonios para conocer su momento propicio.

Es decir: el primer momento de algo es muy importante, pues nos marca cómo será la vida de ese algo.

Y ¿cuál es el primer momento de nuestra “otra vida”?: pues el último de “esta vida”, el momento de la muerte.

La muerte es como el momento en que los aviones despegan y tienen las ruedas de adelante en el aire y las de atrás todavía en la tierra. Es el momento de pasar de la tierra al cielo.

El último pensamiento al caer dormidos también nos marca cómo será nuestro sueño.

O morimos en estado de gracia o como “miembros muertos” del cuerpo de Cristo, (en pecado mortal), no hay más opciones.

Por ello es tan importante morir bien.

Se puede morir mejor o peor

Morir es algo que hacemos, y como todo lo que hacemos, podemos hacerlo mejor o peor.

Hay circunstancias que pueden ayudar o perjudicar:

  • hacerlo con tiempo o de improviso

  • con serenidad o agobiados

  • sabiendo o con ignorancia

  • bien o mal acompañados

  • en nuestra casa o en un sitio extraño

  • ...

Todos los santos y los sabios de todos los tiempos afirman al unísono:

  • Lo peor es la muerte súbita”

  • La mejor manera de morir bien es vivir bien cada momento” (“Hemos de vivir como si fuéramos a morir en el minuto siguiente”)

Vivir bien cada momento no es

Vivir poseídos por la pasión del momento, sino justo todo lo contrario, sin “perder el oremus” pase lo que pase. Vivir bien cada momento es vivir la realidad y no:

  • vivir en las nubes, en nuestros sueños, ni

  • vivir persiguiendo una zanahoria y huyendo del palo

Vivir bien cada momento empieza reconociendo que “nos hemos equivocado mucho”.

Hay mucha gente que, más que cumplir con “los 10 mandamientos”, vive según “los 10 incumplimientos”. Así no van a estar bien preparados cuando llegue la muerte.

Los que mandan(*) desean que vivamos según “los 10 incumplimientos” para que así estemos muy desorientados, muy lejos de poder morir bien. Dado que “mientras hay vida, hay esperanza”, a continuación explicamos el recurso de último momento.

Cómo reconciliarnos con Dios “in extremis”

Esto que explicamos aquí es un recurso de último momento para quien lo necesita. Evidentemente es algo muy arriesgado vivir confiando en este último recurso.

Consiste en realizar un acto de contrición: arrepentirnos de todos nuestros pecados por amor a Dios. No sirve arrepentirnos por miedo del infierno, esto se llama “atrición” y sólo sirve cuando nos confesamos con un cura (cosa casi imposible en estos tiempos).

Tiene tres partes:

  1. Reconocer nuestros pecados (darnos cuenta que hemos vivido sin orientarnos a Dios, con todos los pecados secundarios que conllevó).

  2. Arrepentirnos de ello con dolor y odio al pecado.

  3. Propósito firme de rectificar si finalmente no morimos.

Es importantísimo hacerlo por amor a Dios, por reconocerle fuente de todo bien y toda verdad. No por miedo al infierno.

Es muy arriesgado “dejar las cosas para el final”

Porque:

  • podemos morir de repente, de forma inesperada

  • el momento de la muerte es cuando más intensamente ataca el demonio

    "el demonio, que nos tienta durante toda la vida, en ningún momento nos acomete con tanto empeño como en el momento postrero de la vida, para perdernos enteramente."
    "aunque nuestro enemigo busca, y anda a caza de ocasiones en todo el tiempo de la vida para devorar del modo que le sea posible nuestras almas, ningún otro tiempo, por cierto, hay en que aplique con mayor vehemencia toda la fuerza de sus astucias para perdernos enteramente, y si pudiera para hacernos desesperar de la divina misericordia, como en las circunstancias en que ve estamos próximos a salir de esta vida" . Catecismo de Trento.

  • puede que no estemos lo más lúcidos y serenos posible, por la situación de enfermedad que podamos tener.

" Porque los que están cargados de comida y bebida, tienen el entendimiento tan impedido, que ni pueden mirar a Dios, ni pensar siquiera qué quiere decir oración." Catecismo de Trento. (Y los enfermos, no digamos lo que les puede dificultar el entendimiento y las fuerzas)

Podemos condenarnos incluso en el momento final

Cuentan del algún santo que, en el lecho de muerte, al ser tocado por alguno de los que le cuidaban decía: “No me toquéis, que todavía no estoy muerto y puedo pecar”.

Este último momento vivido en gracia, sin pecado, se llama “perseverancia final”, y es otro don, algo gratuito que recibimos (o no) de Dios y no tenemos manera de merecernos hagamos lo que hagamos en la vida. Es otro misterio de la vida.

Por ello pedimos en el Ave María: “ora pro nobis, nunc et in ora mortis nostrae” (Santa María, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte), sabiendo que Dios no negará a su madre lo que le pida.

Además: aunque no nos condenemos por carecer de pecados mortales, hemos de recordar que en el cielo, igual que en el infierno , hay grados, hay cercanías y lejanías de la visión divina (si morimos con muchos pecados veniales tendremos que pagarlos en el Purgatorio y nos tocará “peor fila” en el cielo, desde donde apenas veremos a Dios).

Algunas veces sí se conoce la predestinación (al cielo)

Sólo algunos santos (o seguro que la Virgen), han tenido conocimiento de su predestinación (al cielo).

“Si alguno dijere con absoluta e infalible certeza que tendrá ciertamente aquel grande don de la perseverancia hasta el fin, a no ser que lo hubiera sabido por especial revelación, sea anatema” (Denz 826)

Bibliografía

Extractos de "Preparación para la muerte", de San Alfonso María de Ligorio.

(*)

Dado que los que mandan sirven al demonio, pues intentan que toda la gente muera en las condiciones más propicias para que se condene:

  • de repente, cantando al demonio (Bataclán, París) o celebrando actos no cristianos (advenimiento de la república en Francia, realizando falsas misas, etc.) El momento lo escogen ellos por los terroristas que envían.

  • después de llevar una vida de pecado, de alejamiento de Dios. Esto lo fomentan de todas las maneras posibles, pasando por que la gente esté ocupada de muchísimas cosas menos de Dios (espectáculos deportivos -fútbol-, políticos, sociales -prensa rosa-, precariedad laboral, películas, parques de diversiones, viajes,...)








Conferencia: "Agua de mar y Hamer: sus límites"

Hora y sala pendiente de concretar

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