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Libro 'Beber agua de mar' Ir a versión no móvil

Maravillas que hace el cuerpo

Ejemplos de maravillas que es capaz de hacer el cuerpo (si le dejamos tranquilo). Del libro "El alma lo es todo. Desde la demonología a la hipnosis terapéutica" Dr. Franz Völgyesi
Luis de Caralt editor Barcelona 1956.

(Otra maravilla como el vivir sin comer está explicada en la ampliación de contenidos del libro)

Gasa olvidada dentro del abdomen

«PER VIAS NATURALES»

«Por medios naturales»: en el lenguaje de los médicos se designan con esa expresión ciertos fenómenos admirables, complicados y de naturaleza instintiva que consisten en un auto-tratamiento, incluso auto-curación del organismo.

La mujer de un clérigo protestante me visita y se somete a mi tratamiento a causa de ciertos dolores y debilidad física. Sus sufrimientos eran tan terribles que, según decía, se habría suicidado ya si no fuera la mujer de un clérigo. Los dolores del vientre le atormentaban ya desde hacía tres años, mientras que los dolores neurálgicos de cabeza que padecía habían sido de origen más reciente.
A causa de su estado acentuadamente psicopasivo, muy sensible y fácil a la sugestión y a la hipnosis, sus dolores de cabeza desaparecieron sin medicamento alguno en unos pocos días de tratamiento hipnótico; el autor ha reconocido ya hace tiempo como una regla general que aquello que puede conseguirse por hipnoterapia, por sugestión anímica, está en razón directa de la influenciabilidad del enfermo y en razón inversa de la gravedad de la enfermedad. Esto sólo permitía ya en este caso establecer que la enfermedad que causaba aquellos dolores debía ser grave. La exploración no permitía hacer ningún diagnóstico claro. Se le habían hecho ya con anterioridad varias radiografías de los órganos del vientre con resultado siempre negativo: las radiografías no enseñaban nada. Incluso la localización exacta del dolor fue sólo posible de obtener estando la enferma hipnotizada, ya que entonces el cuerpo es más sensible. En el lugar del dolor me dio la impresión de notar una hinchazón, muy vagamente apreciable en todo caso. En vista de que yo no conseguía resultado alguno, y al saber que mi paciente había sufrido ya una operación ginecológica, la envié a un cirujano. Éste, el profesor Adalberto Mezö, abrió el vientre sin encontrar al principio nada interesante. Pero al seguir buscando, tropezó con una hinchazón en el intestino delgado, de color azul negruzco. Abrió la hinchazón y entonces se develó el misterio en forma muy curiosa: en el interior de la hinchazón había un trozo de gasa de 70 centímetros de longitud y 7 de anchura. El trozo había sido dejado allí durante la anterior operación, realizada por otra persona.

Y he aquí cómo se había realizado el prodigio: la sabiduría preconsciente instintiva de la naturaleza había empezado a obrar no bien el trozo de gasa quedó en el vientre. Como cualquier animal primitivo con sus instintos, el intestino empezó por rodear el extraño «enemigo» introducido allí, y lo rodeó y fijó con especiales movimientos y exudaciones. Luego, la parte de intestino en contacto con la gasa desarrolló una nueva arruga con la cual envolvió totalmente el cuerpo extraño y lo encerró sencillamente. Y entonces empezó el intestino a intentar expulsar por vías naturales el trozo de gasa, reparando al mis tiempo las heridas que tan anormal situación le causaba. (La enferma no quería de ninguna manera dejarse practicar otra operación de vientre, después de la sufrida años antes. Sólo bajo el efecto de la hipnosis fue posible conseguir que, una vez despierta, pidiera ella misma tal tratamiento. (figura 125, pág. 320)

gasa olvidada en intestino

Una maravilla biotécnica del organismo vivo: un trapo de 70 cm. de longitud por 7 de anchura, olvidado en el vientre durante una operación, es recogido por el intestino delgado a través de su propio tabique. Sacado luego quirúrgicamente, treinta meses después. Paciente curada. El caso fué diagnosticado por el autor con ayuda de la hipnosis, bajo la cual transcurrió también la operación. Operador, profesor Adalbert Mezö.

Tales actividades «biotécnicas» extraordinarias, como esa auto-operación del intestino a la manera de los animales más primitivos, son admirables desde muchos puntos de vista. Los cirujanos saben muy bien que la más pequeña perforación del intestino arrastra tras de sí una infección general del vientre. Por otra parte, el intestino delgado, a causa de su gran sensibilidad, sufre fácilmente oclusiones.
Pues bien, en el caso citado el intestino realizó esa extraordinariamente complicada operación sin que una sola gota de líquido interno del intestino se derramara en la cavidad del vientre. Por otra parte y a pesar de los importantes impedimentos, la función intestinal siguió realizándose sin interrupción diariamente en la región afectada por el caso. (Véase Dr. Adalbert von Mezö: «Contribución a la casuística de los cuerpos extraños dejados en el cuerpo tras laparatomia», Zentralblatt für Chirurgie, 62/9). Cirujanos americanos y varios europeos han reseñado también casos semejantes en los cuales el organismo ha expulsado por vías naturales (por el ano) gasas quirúrgicas olvidadas durante la operación, todas, de todos modos, de menor tamaño que la del caso narrado.

Experimento con perro

Si por medio de una operación se cierra el intestino de un perro con un hilo de seda, interrumpiendo así la continuidad del intestino, el animal no muere, con tal de que se le deje en paz. Al igual que en nuestro ejemplo, la parte afectada del intestino se amplía por sobre el obstáculo, lo envuelve, acaba por engullirlo estableciendo así de nuevo la continuidad del intestino, y acaba por expulsar el cuerpo extraño por vías naturales.

Embrión abortivo

Ha ocurrido alguna vez en organismos femeninos que, en un vientre embarazado, el embrión abortivo muerto sea recogido por medio de una de esas asombrosas actividades «primitivas» del intestino y expulsado por vías naturales a través del recto.

Pesario de plata

Yo personalmente he conocido el caso de una enferma de sesenta y cinco años que padecía grandes dolores de vientre, considerados por su médico de cabecera como fantasmagorías histéricas; esta paciente expulsó con dolores relativamente pequeños un pesario de plata que el médico de cabecera le había introducido cuarenta años antes con la conocida finalidad. El objeto extraño había sido también aquí recogido por el intestino después de atravesar varios tejidos en una operación que había durado decenios.

En tiempos de guerra

Todos los cirujanos conocen casos semejantes, con los que yo mismo he tropezado en el ejercicio de mi profesión, a pesar de no ser cirujano. Tales casos son sobre todo coronados por el éxito en gentes del campo y en soldados durante la guerra. Enfermedades internas acompañadas de supuración, que en un medio civilizado siempre son operados, se curan a veces por sí mismas en tiempos de guerra, y por el mismo camino de las vías naturales. Uno de mis soldados de la Bosnia se quejaba de pequeños dolores. No tenía fiebre. Al día siguiente apareció bajo la parte derecha de la caja torácica una abertura, de la que yo, con ayuda de unas pinzas, saqué treinta y dos cálculos biliares de todos tamaños.

Hernias estranguladas

Se han observado también casos en los que el organismo ha procedido espontáneamente a la peligrosa operación de la hernia estrangulada. El organismo abrió unas aberturas anales por las que se drenó la parte interior muerta del intestino. Cuando el éxito de la «operación» hizo ya inútil esta abertura, se cicatrizó por sí misma. Todo ello con la mera ayuda de la sabia fuerza sanadora de la naturaleza.

Tras de estos ejemplos de la organización «anímica» independiente de los órganos del vientre, tan semejante a la de los animales rudimentarios, no resulta tan increíble la siguiente narración, que procede de un cirujano:

Granos de adormidera en abdomen

Como consecuencia de una perforación de estómago por úlcera, miles de granitos de adormidera -—el paciente había comido un plato típico preparado con pasta y adormidera— penetraron en la cavidad abdominal. Durante la operación, fue posible extraer de ella los restos sólidos y de cierto volumen de la comida, pero no esas diminutas semillas. A pesar de los malos auspicios bajo los que se realizaba la operación, el enfermo, de fuerte constitución, sanó. Medio año más tarde tuvo que someterse de nuevo a una operación del abdomen, a causa de una nueva dolencia. Con sorpresa constataron los cirujanos que en la cavidad abdominal no se veía ningún granito de adormidera: todos habían sido recogidos y aislados sin excepción por el peritoneo, haciéndolos inofensivos.


Conferencia: "Agua de mar y Hamer: sus límites"

Hora y sala pendiente de concretar (entre el 29 de sept. y el 1 de octubre).

www.biocultura.org




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