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Qué hacer con las penas de la vida

Primera reacción

Siempre paciencia y mejor alegría. (3.57.2 "Sufre a lo menos con paciencia, si no puedes con alegría" Kempis, llevásteis con alegría la rapiña de vuestros bienes”, Heb.X 34-35. “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense.” Flp 4,4)

Si estamos encerrados en nuestro dolor:

  • estaremos cerrados a las buenas inspiraciones

  • el que con disgusto y repugnancia lleva estos trabajos y miserias, se priva de todo fruto de satisfacción”. (Catecismo de Trento)(satisfacción, expiación, pago de la deuda que tenemos con Dios por los pecados cometidos y perdonados. Más información aquí)

Si nos desagrada lo que Dios nos envía (pues todo nos lo envía Dios) perdemos mucho:

  • dejamos de pagar por las penas temporales que debemos, que pagaremos más tarde aquí o en el Purgatorio

  • tendremos menos gloria en el cielo (si nos salvamos)

Cristo con la cruz. Cuadro de El grecoPérdida grande, pues grande es nuestro pecado al decir cada día en el Padrenuestro: “hágase tu voluntad”, y cuando se hace -siempre-, la rechazamos, no nos gusta.

No es con nuestras fuerzas que vamos a conseguir llevar con gusto y alegría las penas de la vida, como dice el Kempis:

2.12.9 No es según la condición humana llevar la cruz, amar la cruz, castigar el cuerpo, ponerle en servidumbre; huir las honras, sufrir de grado las injurias, despreciarse a sí mismo, y desear ser despreciado; sufrir toda cosa adversa y dañosa, y no desear cosa de prosperidad en este mundo. Si miras a ti, no podrás por ti cosa alguna de éstas: mas si confías en Dios, Él te enviará fortaleza del cielo, y hará que te estén sujetos el mundo y la carne. (Como se ve en el cuadro de El Greco, Jesucristo mira al Padre mientras lleva la cruz. Nosotros a rezar).

Segunda reacción

Llevar la pena de buen grado no quiere decir que no hagamos nada:

  • si se nos cae el perro a un pozo no es cuestión de decir “qué bien” y por pereza no hacer nada, sino decir “qué bien” y salir corriendo a sacarlo.

  • Si tenemos que pelear, peleamos, pero sin odio.

  • En aspectos de salud, no quiere decir que no busquemos curarnos, pero hacerlo con calma, sin agobio, sin aceptar “tratamientos experimentales”, ni muy agresivos, caros. (Todos los afanes excesivos, prisas, obsesiones, ansiedades vienen de nuestro orgullo, son pecado).

así pues nunca usar el mal (pereza, odio, excesos,...) para alcanzar el bien (Rom 3,8; 12,21).

Luego discernir

Discernir, en nuestro examen de conciencia diario, si son verdaderamente “penas de la vida” o son sufrimientos mentales de nuestro orgullo herido, del tipo “Pepito me ha dicho tonto” o "qué bueno que soy que sufro tanto". (Ver también la Nota).

Si son verdaderamente “penas de la vida”, hemos de ver si nos llegó sin saber por qué (lo que se llaman "cruces", "¡Señor qué cruz me ha caído!") o como consecuencia de lo que hicimos (o dejamos de hacer.

Nuestro orgullo o pasiones, pueden cegarnos de dos maneras:

  1. No viendo la relación entre lo que hicimos y las consecuencias de ahora.

  2. Haciéndonos olvidar por completo nuestras penas, y así, excepto las más claras (estar con gripe), podemos olvidarnos de ellas en nuestros exámenes de conciencia. Por ello nos conviene tener un director espiritual a quien contarle todas las dificultades que tenemos, pues igual estamos tan acostumbrados a ellas o las consideramos tan nimias que no somos conscientes de ellas. Y rezar para que Dios nos ayude a recordarlas.

Mejorar continuamente el discernimiento

Cuando somos pequeños y no tenemos uso de razón no sabemos relacionar las cosas. (No sabemos que si metemos los dedos en un enchufe nos dará calambre). Cuando crecemos vamos aprendiendo a relacionar cada vez más cosas (si aparco mal el auto tengo que pagar una multa).

Cuando crecemos más vamos dándonos cuenta de las consecuencias de nuestros actos no sólo en nosotros sino en los demás, no sólo las consecuencias inmediatas sino las consecuencias al cabo de años (plantamos hoy un árbol y al cabo de 7 años nos da fruta), y no sólo las consecuencias en nuestro entorno sino en todo el mundo (cuando compro en Amazon un libro que también venden en la librería de mi pueblo, estoy dando dinero a unos señores poderosos y desconocidos y quitándole el pan a Pepe el librero).

Cuando hacemos algo mal repetidamente, Dios nos habla cada vez más claramente (primero nos produce mala conciencia, luego consejos de familiares y amigos, luego multas, luego pequeño accidente, luego accidente mortal).

Y así, podemos ir descubriendo cómo “cruces” que “sin comerlo ni beberlo” nos llegan, no son “accidentes” caídos del cielo, sino que nosotros mismos produjimos que nos llegaran por nuestros actos voluntarios malos: si tengo un “accidente” con el auto es porque conduzco bebido.

Nuestro orgullo puede llegar a cegarnos totalmente de lo más evidente.

Para todo esto tenemos que estudiar, hacer buenos exámenes de conciencia, rezar pidiendo ayuda o pedir ayuda a alguien.

En el tema de la salud corporal, los descubrimientos de Hamer no sólo nos explican por qué nos ocurren ciertas enfermedades, sino que además, a menudo, nos hace ver que los síntomas que nos aterraban son síntomas de curación, de que nuestro cuerpo está funcionando bien, beneficiosamente (y son motivos, por tanto, de alegría: “¡Qué bien, ya tengo sudores nocturnos!”).

Textos de ayuda

En esta página hay citas de "el Kempis", "La imitación de Cristo" que hablan del sufrimiento y cómo sobrellevarlo. -texto completo del libro aquí (0,3 Mb), otras citas sobre otros temas aquí) (Es el libro más leído después de la Biblia).

Refranes

A las penas, puñaladas”, “el que canta, su mal espanta”, la canción “Todo es de color” de Lole y Manuel: “hacer consuelo en todas las heridas”; “si te regalan un limón, hazte una limonada”; “a mal tiempo, buena cara”.

Nota

A menudo es una falsa conmiseración, sufrimos “histéricamente” -con la cabeza- porque somos incapaces de mantener la serenidad, o sufrimos por “proyección”: porque la experiencia que vemos vivir a otra persona nosotros también la vivimos, nos generó un trauma que todavía no hemos superado y suponemos que la otra persona tampoco será capaz de superarlo (y como tal, puede estar perfectamente equivocada y llevarnos a intentar sobreproteger o anular al otro).

Cuando los jóvenes eligen qué estudios cursar, probablemente los eligen en base a sus traumas pasados: para resolverlos o para evitárselos a otros -las carreras “vocacionales”.

Otro ejemplo de conmiseración ficticia es cuando nos “solidarizamos” con alguien muy lejano que nos cuentan. “Pulsa -me gusta- para ayudar a tal negrito del África que se lo va a comer un cocodrilo”. Todos los santos nos recomiendan amar sobre todo a los que tenemos al lado -padres, vecinos,...- y creernos sólo la mitad de lo que vemos y la mitad de la mitad de lo que nos cuentan.




Conferencia: "Agua de mar y Hamer: sus límites"

Hora y sala pendiente de concretar

www.biocultura.org




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