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Acciones unipolares y dipolares

Dipolares, duales; unipolares, no duales (falsas dualidades)

(Este artículo tiene mucha miga pero no he tenido tiempo de mejorar su exposición y ampliar su contenido)

Las cosas tienen partes unipolares y dipolares

Pero de ello no hablamos aquí. Algunos atributos de las cosas son polares: como el sexo (macho, hembra), lado (izquierdo, derecho), frente o dorso, etc. Otros no, son unipolares, no hay polaridad entre extremos que existen, sino que hay una gradación entre lo que existe y lo que no existe. Por ejemplo: algo tiene más o menos sabor salado, más o menos agrio, más o menos verdadero, más o menos iluminado, más o menos caliente, pesado, alto.

La oscuridad no existe, es sólo la falta de luz; no existe el contrario de “salado”, no es ni lo dulce ni lo agrio. Algo es más o menos salado. Tampoco existe la mentira, la falsedad, es sólo la falta de sinceridad, de verdad.

Partes de la vida polares y no polares

Hay aspectos de la vida que tienen una polaridad, unos extremos en los que es perjudicial caer. Son dos extremos que existen verdaderamente, como los polos de un imán: positivo y negativo, como los lados de una cosa: derecho e izquierdo, arriba y abajo.

Podemos conducir un auto moviéndonos a izquierda o derecha sin salirnos de nuestro carril. Si nos salimos del carril por la derecha o por la izquierda, o nos saldremos de la vía o chocaremos con los autos que vienen en sentido contrario.

Cuando echamos sal a la comida (o cocinamos con agua de mar), podemos pasarnos o quedarnos cortos.

Hacer cualquier cosa tiene ventajas (beneficios) e inconvenientes (perjuicios). Un camino sirve para transportar cosas y personas (beneficios) pero impide que ese terreno se use para cultivar (perjuicio). Los objetivos mundanos, materiales, siempre son duales, siempre tienen beneficios e inconvenientes que son bien reales y la mejor solución siempre es un equilibrio entre ambas (hacer pasar el camino por los terrenos menos fértiles, por ejemplo).

Intentar seguir la voluntad de Dios no es dual. Las inspiraciones de Dios y el Diablo son opuestas, pero la acción correcta, sin pecado, no es un equilibrio entre “servir a Dios o al Diablo”. “Servir a Dios y al Diablo” es servir al Diablo. Un plato con comida y un poco de veneno no es comida, es veneno.

Partes en nuestro interior duales y no duales

Así, las virtudes teologales son “no polares”: no pueden desarrollarse o aplicarse en exceso. No podemos tener “demasiada” fe, esperanza o caridad.

En cambio las virtudes morales sí que son “polares”: podemos aplicarlas en exceso: podemos actuar con excesiva justicia en un momento que debemos aplicar un poco de misericordia.

El deseo y la aversión son dos polos que tenemos dentro. Existen los dos y caemos en uno de los dos cuando actuamos puramente por deseo o puramente por aversión.

El deber no tiene polaridad: podemos actuar más o menos orientados hacia lo que sentimos como nuestro deber, pero no hay un opuesto al “deber”, a la voluntad de Dios.

No existe la “mala intención”, sólo la falta de “buena intención”, de “caridad”, como decíamos antes. Y por tanto, nunca podemos tener exceso de buena intención. Pero nuestra buena intención no nos guarda contra el error, la buena intención no lo es todo: “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. Debemos iluminar nuestras acciones con la suficiente prudencia para que no sean dañosas.

Errores

Los aspectos de la vida en los que hay una regla, una moral, una doctrina, un Norte, son no-duales. Aquéllos en los que no hay un magisterio fijo, infalible, son duales.

  1. Error / pecado: tratar aspectos no-duales como duales (por ejemplo, dejándonos llevar por lo que nos gusta o disgusta en vez de por lo que debemos).

  2. Error / pecado: tratar aspectos duales como no-duales.

  3. Error / pecado: elegir malas soluciones en los aspectos duales, como comprarme un auto que no responde a mis necesidades más importantes.

Si algo que es dual lo consideramos “no dual” porque sólo vemos uno de los extremos, pues acabamos en el fanatismo: frente a cómo educar a uno de nuestros hijos, podemos ser más liberales o más estrictos. En un momento dado podemos ver conveniente con uno de nuestros hijos ser estricto y en otro momento más liberal. Con un hijo podemos ser estrictos en una cosa y con otro debemos ser liberal con esa misma cosa, porque son diferentes y no les conviene lo mismo. Pero si sólo vemos, sabemos aplicar, siempre el rigor (o siempre la misericordia) pues erraremos muchas veces.

A nuestros hijos les enseñaremos la verdad a medida que sean capaces de entenderla. Es decir, sólo debemos enseñarles más o menos cantidad de verdad, pero nunca la mentira (excepto las piadosas). Porque la verdad es un aspecto “no dual”.

¿Qué es mejor la propiedad privada o la comunal? Es otro aspecto “dual” de la vida. No hay una solución, una respuesta única para todos en todo momento. Por ello hay(había) muchas órdenes y congregaciones religiosas, cada una con caminos diferentes para avanzar hacia la (única) verdad.

En cambio, el bien o la belleza, son no duales. Haremos una estatua todo lo bella que podamos, pero nunca haremos una estatua “ecuánime” entre la belleza y la fealdad; nunca nos comportaremos “medio bien”, “medio mal”. Dios cuando nos juzgue no nos “medio condenará” o “medio bendecirá”.

Influencia del Demonio

El Demonio, como “señor de la separación”, fomenta que todo lo veamos de forma dual, incluso aquéllo que es no-dual, como la verdad, el bien o la belleza. Y así, dice que “todo es relativo”. Falso: todo no es relativo. Hay cosas que sí (las que hemos dicho duales, polares) y hay cosas que no.

Los periodistas siguen al demonio cuando fomentan que la gente “de la calle”, que no sabe nada de un tema, “opine” sobre el mismo: “¿Y Ud. qué opina sobre los australianos?”. Fomentando los gustos y los disgustos, y así, la separación entre la gente. En vez de investigar la verdad lo que puedan, exponerla lo mejor que puedan y dejar de fomentar / exigir que cada uno opine públicamente sobre asuntos que son más fuente de discordia que útiles.

O cuando fomentan los errores de la gente, sus aversiones y gustos, fomentan caer en la dualidad: “¿Y a Ud., qué color le gusta más?” (tratar aspectos no duales como duales).

Truco para no caer en errores

Si cuando acabamos de actuar nos sentimos muy satisfechos o muy insatisfechos, si “nos hemos quedado a gusto” haciendo algo, es que hemos actuado mal. Que era una situación regida por la polaridad y nos hemos ido a un extremo. Hemos actuado puramente por aversión o por deseo.

Y todos nuestros errores (sin mala intención) o pecados (con) los pagaremos aquí o en el purgatorio (Dios nos ayude para librarnos de la condenación).

Un significado de la cruz

Quizá la cruz nos esté diciendo que hay esta parte del mundo polar (el madero horizontal) y que hay una parte del mundo no-polar (el madero vertical), y que el madero vertical es la guía que marca el punto medio, la guía para no caer en los extremos del mundo polar.

En el izquierda – derecha, tanto conduciendo como en otras cosas, como cortando una tela, vemos el daño de sus extremos. En cambio el arriba – abajo nos lleva fuera de este mundo de abajo, de la tierra, para llevarnos al cielo, arriba. Por eso Jesucristo decía: “Mi reino no es de este mundo”. En el arriba – abajo sólo hay más o menos bondad, belleza, verdad; no hay extremos en los que caer, la verdad, belleza, bondad no provocan nunca daño, aunque sí dolor, si no queremos saber tanta verdad. (También provoca daño si estamos muy lejos de poder asimilar tanta verdad, de ahí la conveniencia de las mentiras piadosas).

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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