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Educación de los niños

Todos vemos claramente que para que un niño aprenda a tocar el violín, hay que enseñarle, tiene que aprender. Ídem aprender a cocinar, etc.

A veces olvidamos que el niño también tiene que aprender a:

Esto no lo aprende en la escuela, esto lo aprende en casa por imitación (o no lo aprende y será una asignatura pendiente que quizá arrastre toda su vida).

Por eso los hijos se parecen a los padres en el carácter (y en consecuencia en la fisionomía, pues uno produce la otra). Porque copian lo que los padres saben hacer y desconocen, les falta, lo que no han aprendido de sus padres.

A partir de que el niño tiene uso de razón es cuando podemos empezar a hablarle de estas cosas, hasta entonces no debemos hablarle de ellas sino ejercerlas delante de él, porque sólo son capaces de imitar, no de razonar por sí mismos (formarse ideas por elaboración propia a partir de lo que percibe).

Aprender a amar (correctamente)

Hasta Jesucristo los hombres sólo éramos capaces de amar a nuestros familiares y amigos (cumpliendo los 10 mandamientos). Él nos dio un nuevo mandamiento: “Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado”. Si nos lo dio es porque a partir de entonces somos capaces de cumplirlo (y debemos cumplirlo, pues es un mandamiento, no un consejo). Amar de esa forma es:

Ejemplos de ello, aparte del mismo Jesucristo: pues los que siguen sus pasos, como las monjas o misioneros que entregan su vida a los demás que no se lo van a poder pagar, o sencillamente, el bueno cristiano que orienta a alguien perdido a quien no va a volver a ver más o el que cuida a su madre anciana.

(Amar a los hijos o familiares puede no ser un amor puro, porque solemos amarles porque son nuestros hijos, no amamos igual a otro niño. Podemos cuidar a nuestra madre anciana y enferma con un amor puro aunque vayamos a recibir una fortuna como herencia de ella).

Aprender a razonar (correctamente)

A partir de que el niño tiene uso de razón es cuando debe desarrollar el pensar, razonar, correctamente, y lo hace leyendo libros con buenos razonamientos, que explican verdades, no libros que son pura propaganda o manipulación o viendo la televisión o vídeos por internet. Los rudimentos básicos de pensar bien nadie los aprende estudiando libros de filosofía, sino por imitación.

Si aprendemos a pensar bien, luego, cuando leemos u oímos falsos razonamientos, nos damos cuenta de ello, vemos lo que calla, lo que no corresponde con la realidad (miente), que usa palabras ambiguas, que se fija en lo accesorio y no en lo esencial,... con ello tenemos pruebas claras, objetivas, de la manipulación. De lo contrario sólo “nadamos” en “impresiones”, que pueden ser acertadas y que expresamos diciendo “esto me huele mal”, “esto no está claro”, etc. pero que por no ser claras y objetivas podemos estar equivocándonos, podemos estar tiñendo lo que oímos o leemos con nuestros malos prejuicios y que no podemos transmitir a otro con garantía de que estamos diciéndole la verdad.

El niño no razona correctamente si va “dando saltos” sin ninguna lógica: “Porque me he comido toda la sopa me merezco que me compre un balón nuevo, y con el balón nuevo ganaremos el campeonato”.

Aprender a comportarse (socialmente)

En la escuela no suelen aprenderlo.


La conferencia

Beber agua de mar para la salud física y mental

La feria se celebrará en el palau Sant Jordi, del 9 al 12 de mayo. La conferencia será, Dios mediante, en la sala 4 el viernes 10 a las 15 h.

(Este año se tratará también el tema mental, sus trastornos y cómo puede ayudar el agua de mar).

www.biocultura.org

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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