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Manipulación subliminal

Si nos dicen las cosas claramente, fácilmente las rechazamos

“Hace tiempo que la industria de la comunicación se dió cuenta de la resistencia que se desarrolla contra los anuncios captados a nivel consciente" (Fuente más abajo)

por ello nos las dicen sin que nos demos cuenta y así consiguen manipularnos

es evidente que la seducción (subliminal, sin que nos demos cuenta) funciona” (Fuente abajo)

Estas manipulaciones están diseñadas por gente que estudia mucho para ello, es un error el creer que podemos ver la televisión o películas sin que algo no nos manipulen.

No sólo para vendernos cosas

No sólo la televisión. La moda o las construcciones públicas también están muy estudiadas y no dejadas a la decisión de los profesionales del ramo. Que se construyan dos torres en el Puerto Olímpico de Barcelona, que tengan una apariencia y no otra, que se pongan unas figuras en Montserrat y no otras,... todo sigue un objetivo escondido para nosotros. Sobre Montserrat está explicado en este otro artículo. Sobre Barcelona en este otro.

Los publicistas saben mucho de la mente

Porque el resultado de su trabajo es bien visible: o se vende el producto del que diseñaron la publicidad o no.

Si un publicista se inventa una teoría de cómo funciona la mente y, por tanto, cómo convencer a la gente para que compren un producto, se lleva a la práctica y no se vende, pues dicha teoría no es muy acorde con la realidad, es falsa y se olvida.

Lo que dicen los publicistas

  1. Dicen que hay cosas que no las queremos saber.

  2. Dicen que para evitar saber esas cosas, usamos sin darnos cuenta, unos trucos. Ellos los llaman “mecanismos perceptivos de defensa”.

  3. Que sólo nos enteramos del 10% de lo que vemos, el resto nos entra sin darnos cuenta.

  4. Que el engañado además se queda contento.

Un ejemplo de lo primero es: si soy el dueño de una empresa que fabrica un solo producto químico y me llega un científico ruso intentándome demostrar que ese producto es muy dañino para la gente, se use como se use, pues probablemente ni le reciba, pues saberlo me impediría dormir bien hasta que dejara de fabricar ese producto (Nota 1).

Es decir, todos tenemos unos límites de Verdad que somos capaces de soportar. Vamos a ver a continuación cómo nos ponemos esos límites y así aprender cómo alejarlos.

Hay cosas que ningún hombre puede alcanzar en la tierra: nadie puede soportar ver claramente la cara del Diablo, nadie puede soportar ver claramente la cara de Dios. Evidentemente por motivos opuestos.

Por los mismos motivos, ver fealdad (desorden, suciedad, violencia) nos afecta para mal (nos daña) y ver belleza nos afecta para bien (nos beneficia). (Tener la casa limpia y ordenada tiene más beneficios que encontrar rápidamente las cosas y no quedarnos “enganchados” en la suciedad).

Los “mecanismos perceptivos de defensa”

Lo que hacemos para no enterarnos de lo que no queremos.

El que quiere convencer a otro de algo, tiene que diseñar su mensaje para que pase a través de 8 barreras que solemos poner:

  1. Represión: nos cerramos a la verdad en forma de hechos, recuerdos o percepciones. Es el más usado: dejamos literalmente de ver, oir, recordar, lo que no queremos. Dejamos de leer los libros que nos dicen cosas que no nos gustan, catalogamos a la gente y dejamos de hablar con ella,...

  2. Separación: nos negamos a relacionar las cosas (con frases defensivas como “no es lo mimo” o uso del lenguaje políticamente correcto: “incrementaremos los beneficios a través de un expediente de regulación de empleo”, en vez de decir: “ganaremos más echando gente a la calle”, así separamos los beneficios del hambre de la gente). (El Demonio es el señor de la separación).

  3. Regresión: nos negamos a aceptar las responsabilidades correspondientes a nuestra edad y estado (“yo a lo mío”).

  4. Formación fantasiosa: nos negamos a aceptar la realidad y nos creamos nuestro mundo en base a mentiras, cosas falsas que no existen o cosas infalsables (que no se puede demostrar que son mentira, como “el karma”, “vidas pasadas”,...).

  5. Sublimación: cambio el nombre a mis motivaciones para hacerlas socialmente aceptables o incluso halagables (“yo lo hago por poner mi granito de arena por el bien de la Humanidad”).

  6. Negación: negamos que algo existe, que es real (“él no ha podido decir eso”).

  7. Proyección: Asignamos nuestra culpa a otro u otra cosa (“ha sido un hecho fortuito”).

  8. Introyección: Lo contrario de lo anterior: cuando nos culpabilizamos de algo que no es culpa nuestra (“qué torpe soy que no entiendo la carta de mi hija”, frente a una carta escrita ambigua a propósito).

¿Cuándo y cómo aprendemos?

Cuando nos interesa más la verdad que nuestros intereses. “Bajamos las barreras”, dejamos de usar los “mecanismos perceptivos de defensa” y aceptamos ver la verdad.

Aprendemos mucho por imitación, por ello, si nos acostumbran a oir ciertas expresiones, acabamos copiándolas.

Porqué nos cuesta tanto aprender nosotros o desengañar a otro

  1. Porque los mecanismos que acabamos de ver los usamos sin darnos cuenta. Mal podemos parar de usar lo que ni siquiera vemos.

  2. Porque el que está manipulado se cree en la verdad y contento (esto último explicado más abajo).

Extracto del artículo “Manipulación subliminal y conciencia crítica”

Autor: Jesús Mª Aguirre. Revista Comunicación Vol. 9, Nº 48, págs.18-29.

(Los realces -negritas y cursivas- y las cabeceras de apartado no son del texto original, y para consultar las notas bibliográficas, accedan al original).

Lo que le pasa al manipulado

En general el seducido no acaba de explicarse las razones que lo cautivan. Apenas logra expresar su estado anímico con palabras. (Sólo sabe decir que “le apetece” o “no le apetece”) La conmoción emotiva se antepone a cualquier valoración racional.

Para mostrar el cuadro fascinatorio vamos a limitarnos a la fascinación visual, partiendo de la percepción primaria y a sabiendas de que la seducción opera por todos los sentidos.

Nos damos cuenta, somos conscientes, de sólo el 10% de lo que vemos

En primer lugar está comprobado que en la visión humana —otro tanto habría que investigar sobre las 37 modalidades sensoriales- la fóvea brinca a cien puntos locales en una pintura, excediendo por mucho los brincos que generalmente ejecuta cuando se trata de observar un comercio normal. Aun así sólo puede percibirse el diez por ciento de la información visual total. El resto de la información opera simultáneamente a un nivel subliminal, sin que nos demos cuenta de los datos que llegan al cerebro.

Tan sólo para percibir conscientemente las palabras plasmadas con técnicas subliminales en los anuncios se requieren diez segundos. Obviamente la multiplicación de canales sensoriales y la diversidad de códigos estructurados o por estructurarse acaban desbordando los umbrales de percepción consciente, sobre todo, cuando los mensajes se aceleran. (En todos los mensajes audiovisuales pero también en una vida llena de prisas y “viajes relámpago”)

La seducción invasora intensifica la información para ofrecer el máximo significado en tiempo y espacio mínimos de modo que el impacto total escape a la conciencia. “Hace tiempo, como advierte Wilson Bryan, que la industria de la comunicación se dió cuenta de la resistencia que se desarrolla contra los anuncios captados a nivel consciente" (2).

Rechazamos percibir lo que nos molesta

(Todo lo que nos molesta está agrupado en las 8 barreras mencionadas antes en este artículo)

En segundo lugar hay una congruencia de pruebas sicológicas que aseguran que los mecanismos de defensa perceptivos de la represión controlan la memoria consciente y estructuran inconscientemente los estímulos no procesados, que pudieran causar ansiedad. Los medios masivos refuerzan exitosamente estos mecanismos de defensa perceptivo, a la vez que inciden subliminalmente, colmando deseos insatisfechos.

Así los horóscopos se relacionan con las aspiraciones fantasiosas y metas idealizadas de los lectores. Las revistas femeninas apoyan las ilusiones amorosas de las mujeres. Las películas pornográficas responden a los complejos irresueltos de hombre, que requieren ser perseguidos por mujeres excitantes, pero serviles. Las estrellas ofrecen el espejo para pretensiones fascinantes. Los informativos cuentan sucesos compatibles con las predisposiciones del público. Y, por supuesto, no falta la publicidad que colma de "buenas noticias" el mosaico de mensajes catastróficos. La seducción impone su ritual en todos los medios.

Las experiencias que están en pugna con los tabúes culturales, las experiencias de neurosis o sicosis individuales o colectivas, y las experiencias adquiridas en situaciones dolorosas o causantes de ansiedad, tienden a ser reprimidas. De ahí la dificultad de inducir cambios de conciencia que impliquen la ruptura de las ilusiones, la aceptación de los límites, el distanciamiento de las fantasías, la confrontación con situaciones reales dolorosas (miseria, desempleo, complejos raciales, opresión sexual . . .), particularmente en las clases subalternas. La escotomización se hace cómplice de la seducción. (Escotomización es el mecanismo inconsciente por el que olvidamos hechos dolorosos).

Y ésta acaba desencadenando todos los mecanismos posibles de sujeción con tal de asegurar la dependencia y la adicción. (...)

Las contradicciones que no pueden resolverse en la realidad, los medios las disuelven simbólicamente, y el perceptor llega a confundir el "saber" acerca de los problemas del día con el "hacer" algo al respecto.

Consiguen dirigirnos (sin que nos demos cuenta) y que además ¡nos guste!

En tercer lugar la técnica de la persuasión por estímulos subliminales afecta el comportamiento sin que la información aflore. De esta forma semejante a las sugestiones posthipnóticas, entre el medio emisor y el público se instaura una relación de confianza que sugiere órdenes e instrucciones que se desean acatar inconscientemente, aunque no se recuerden o reconozcan reflejamente.

El aura de credibilidad y seguridad que se establece entre emisor-receptor envuelve circularmente el proceso por la mutua admiración. El juego narco-narcisista tiende sus redes a las necesidades del ego, tales como el status, el dominio o el reconocimiento. Lo que seduce no es esa o aquella maña, sino el hecho de que se dirija a usted. Como explica Vincent Descombes: “la persona seducida encuentra en la otra lo que la seduce, el único objeto de su fascinación, a saber su propio ser lleno de encanto y seducción, la imagen amable de sí mismo . . .".

El juego de esta práctica interpersonal alcanza dimensiones sociales, cuando el descrédito simbólico ante el grupo amenaza tanto ó más que las desgracias reales. Las pautas de testimonios publicitarios en favor de un producto, por parte de personas destacadas, ilustran perfectamente esta función otorgadora de prestigio, en que el perceptor se siente partícipe de la reputación del testigo. El embaucamiento de que uno tiene la importancia suficiente como para destacar entre la masa anónima, llega a ser tan ilógico como efectivo. (4)

La ilusión salva al perceptor de la realidad, que es sustituida por un cielo fabuloso. Renny Ottolina con su sonrisa, su interpelación amistosa, sus lentes que fungían de espejo para el reflejo narcisista, manejaba perfectamente este hechizo cuando anunciando productos siempre “divinos” creaba la ilusión de la propia divinización del espectador.

En esta situación cuasi-hipnótica es cuando se operan la imposición del punto de vista y la suplantación del perceptor, convencido de que hay alguien relevante que mira por sí más que uno mismo (5). (A veces pecamos por orgullo y decimos “a mí no me engañarán”, o “¡qué sabrá él!” y otras veces nos dejamos manipular con el “si él lo dice,...-que sabe más que nosotros”).

Es imposible parar la manipulación subliminal, sólo evitar exponernos a ella

(es imposible “ver la televisión controlando”)

La seducción impuesta por el exceso de significación, la transmutación de la realidad y la exultación narcisista, no se deja atrapar fácilmente por la mecánica de la interpretación, que pretende —siempre insuficientemente- revelar las significaciones ocultas de los mensajes latentes y extraer la información del nivel del conocimiento inconsciente al consciente.

En el estado actual de las investigaciones semióticas, sobretodo de tipo pragmático y semántico, no queda sino reconocer la necesidad de seguir efectuando aproximaciones tentativas sobre la producción del discurso seductor. Y, aunque tales hermeneúticas puedan aún ser tildadas de impostura o intuicionismo, es evidente que la seducción funciona y puede ser objeto de la ciencia.

La limitación en la aprehensión metodológica científicamente exigible no ha de ser una excusa para descartar un fenómeno relevante de la vida cotidiana, más aún cuando la ciencia no es nunca algo definitivamente concluso (6).

(...) los numerosos tipos de discurso social que corresponden a objetivos y usos distintos. Convencer, persuadir, manipular, informar, emocionar, prescribir y formalizar, son los ritos simbólicos en los que se expresa nuestra socialidad. (7)

En la difusión masiva encuentran también lugar todos estos tipos de discurso, a excepción de la formalización, propia del discurso científico, cuya aureola, sin embargo, se explota.

Qué es “subliminal”

Subliminal es todo lo que vemos, oímos y que no nos damos cuenta de haberlo visto u oído (o de cualquier otro sentido).

Cuando dos personas visitan una casa, cuando salen cada una se ha fijado en cosas diferentes: una en el color de las cortinas, otro en el tipo de lámparas, etc. Las dos pueden haber visitado la casa juntas, han visto con los ojos lo mismo pero una ha retenido unas cosas y la otra, otras.

Sólo nos damos cuenta de una parte muy pequeña de todo lo que percibimos (vemos, oímos, sentimos con el resto de sentidos).

Qué es “darse cuenta”

“Darse cuenta” es clasificar. Nos damos cuenta que “un perro ha cruzado la calle”. La visión de una figura que se mueve la clasificamos como “perro”, la visión del paisaje la clasificamos como “calle”, y el movimiento del “perro” más o menos perpendicular a la “calle” lo clasificamos como “cruzar”.

La atención

Es la facultad que tenemos de dirigir nuestra energía a lo que percibimos o a lo que pensamos.

No podemos dirigir la atención a dos cosas a la vez: ni a dos cosas que sentimos, ni a dos cosas que pensamos, ni a un pensamiento y algo que sentimos a la vez. Sí podemos saltar rápidamente de una a otra.

Así, en el ejemplo anterior:

  1. Dirigimos nuestra atención a lo que percibimos con la vista (abrimos los ojos si los teníamos cerrados, miramos hacia la calle)

  2. Con el pensamiento clasificamos toda la escena: “un perro ha cruzado la calle”

pasando de la acción 1 a la 2 muy rápidamente.

Si me duele la cabeza y me pincho un dedo con una espina, puedo fijar mi atención en lo que me duele la espina o la cabeza, pero en el mismo instante sólo a una cosa.

Qué es manipulación

Cuando alguien pretende que otro haga o deje de hacer algo. En el campo recibimos muchas influencias subliminales, pero no son manipulación porque no están organizadas por nadie.

Cómo manipulamos

(La manipulación puede usarse con mala intención o con buena, con fines terapéuticos)

Aprovechando la limitación de la atención (de sólo enfocarse en una cosa cada vez) podemos transmitir a otra persona lo que queremos mientras está atenta a una distracción que le hemos preparado (que es la típica técnica hipnótica).

Películas: Toda película transmite imágenes y sonidos simultáneos y cambiantes. Nuestra atención, dedicada a seguir el argumento o peor aún, metidos en uno de los personales, no tiene tiempo material de hacer otra cosa. Forzosamente estamos recibiendo muchas percepciones de las que no nos damos cuenta.

Otra manipulación sencilla es cuando hacemos un regalo a un niño que tiene un dolor. El niño se olvida del dolor al fijarse en el regalo.

Dos herramientas tenemos cuando queremos convencer: los argumentos a la consciencia (el precio del auto) y las técnicas subliminales, al inconsciente (la belleza del auto).

Mal vamos a convencer si por un lado usamos argumentos convincentes pero transmitimos la contraria por otros medios (vamos mal vestidos a una entrevista que decimos importante).

Formas discretas de manipular

Las empliean siempre los que mandan, por motivos obvios.

Mentir con excusa

Como cuando alguien encarga una imagen horrenda a un escultor que tiene un estilo horrendo. El que encarga la obra puede excusarse diciendo “es el estilo del escultor” (por ejemplo, el demonio a la salida de la visita a la Virgen de Montserrat). El escultor puede excusarse diciendo “con este material no puede trabajarse de otra forma” (como el monstruo a la salida de la basílica de Montserrat).

También podemos usar como excusa: que es sólo una simplificación, que es porque la frase es un titular y no puede ser muy larga, que siempre se ha hecho así,... o decir que “sólo era un chiste”.

No citar lo esencial

De manipular haciendo que el oyente se acostumbre a la mentira, o de insultar, por el mismo medio. Y así llamar a los invasores franceses en España en 1808 las “tropas napoleónicas”, cuando realmente eran “tropas anti-Dios que querían imponernos la revolución francesa”.

Quien és más manipulable y quien menos

Para tener éxito debemos:

  1. Conseguir que aparte la atención y transmitirle la orden

  2. Que cumpla esa orden

Es decir, hay dos obstáculos:

Primero

Conseguir que no se oponga a la insinuación / orden, es decir, que no se de cuenta, que sortee los “mecanismos perceptivos de defensa” citados anteriormente. Para eso están las técnicas subliminales o convencerle de que se entregue voluntariamente (¡y encima pagando!), como en el cine o mirando películas, en las que la persona se pone en actitud obediente, pasiva. Mirar películas requiere un estado pasivo, porque impide hacer otras cosas y participar de lo que estamos viendo.

Segundo

Que lo que le ordenemos esté más allá de sus posibilidades (saltar una valla de dos metros). Aunque respecto a sus límites, hay posibilidades bastante sorprendentes, como la anestesia por hipnosis.

Que lo que le ordenemos vaya claramente contra sus convicciones (de ahí la conveniencia de lo subliminal, de la imprecisión, ambigüedad) (Nota 2).

Los niños pequeños, que no tienen uso de razón, incapaces de pensar, sólo perciben, por lo que todo lo que ven u oyen van a considerarlo como la verdad y realidad de este mundo al que han llegado (gran peligro de que vean la tv con cosas feas, ruidosas o muy bonitas pero falsas).

Los adultos, que viven más en sus ideas y perciben menos, reciben sin darse cuenta las cosas más evidentes (las monstruosidades de Montserrat, por ejemplo), y así, quizá son capaces de rezar el 2º misterio de gozo en el rosario del camino a la Santa Cueva de Montserrat, delante de figuras monstruosasmente feas que insultan a la Virgen y S. Isabel. Y luego llega un día que el adulto dice que “no le apetece”, “no tiene ganas” de rezar el rosario en ese sitio y no sabe dar explicaciones por qué, tal como se explica dos párrafos más abajo en este artículo.

Toda la manipulación en la forma que sea (fealdad, mentira, coerción por impuestos, precariedad laboral, multas, falsa medicina,...), al estar inspirada por el Demonio, tiene como objetivo final que descuidemos la religión y nos condenemos, tal como se explica en este pequeño documento ilustrado tomando como base la novela 1984.

No incluido en este artículo

Este artículo ha tratado de demostrar que la manipulación subliminal, sin que nos demos cuenta, existe y funciona. No cita otras muchas herramientas más que los publicistas usan para convencernos de lo que sea:

Nota 1

Todos estos “cadáveres en el armario”, de los que no queremos saber nada, los acabamos pagando nosotros y nuestra descendencia. De esto saben los terapeutas que tienen en cuenta la generalogía.

Nota 2

Es más manipulable el que no tiene religión, el que no tiene convicciones firmes. “Barco sin orza, desvío seguro”, dicen los marineros. La orza es una o varias aletas que llevan los barcos para resistir mejor desviarse por el viento. Un barco sin orza se desvía con la ventolina más floja. Igualmente la gente “sin norte”, sin una moral clara, objetiva, independiente de sus gustos, es más fácilmente convencible de lo que sea. “¡Quítame esa aleta rígida!, que así correré más”, podría decirnos el barco; pero no se la quitamos porque aunque algo le frena, sin ella no iríamos donde quisiéramos nosotros, sino los vientos. La aleta es la moral.

Ojo, hasta los santos son manipulables. Claro que no en lo evidente, pero el demonio ataca a cada uno en su punto más débil, y así, tentaba a Sta. Teresa de Ávila para que no rezara tanto “por humildad”.

Y los mártires prefirieron morir antes que aceptar la amenaza más brutal, como los cristeros mártires en México o los mártires en la guerra de 1936 en España, que ante la alternativa de blasfemar o morir, siempre escogían lo último (según testimonio de los mismos asesinos). ¡Y además morían perdonándoles!

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