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La religión y sus sucedáneos

Qué es religión y qué no

La religión es un conjunto de creencias bien claras, escritas negro sobre blanco, con una autoridad mundial que la enseña.

Es decir:

  1. Una doctrina bien definida, concreta, nada ambigua (qué es lo que hay que creer y cómo hay que comportarse -moral)

  2. Una autoridad que la mantiene y amplía (atención: nunca modifica la doctrina ni moral. Ver explicación más adelante)

Los sucedáneos, al carecer de una autoridad mundial carecen también de una doctrina única, y acaban con “cada maestrillo tiene su librillo”, con cada grupo “a su aire”. No hay un superior de todos los rabinos (judaicos), ni de todos los imanes (musulmanes), ni autoridad única budista, luterana, cristiana cismática oriental, etc.

Por tanto, no existe “el judaísmo”, “el budismo”, “el mahometanismo”, “el luteranismo”, etc. Hay varias sectas judaicas, varias versiones budistas, varios tipos de musulmanes, innumerables grupos luteranos, etc.

El plan de los que mandan

Los que mandan (actualmente en casi todo el mundo) reciben órdenes, más o menos directamente, del diablo.

El diablo quiere que cada uno nos condenemos. Para ello, a los creyentes nos dice (por boca de los que mandan): que “hay varias religiones”, que “cualquiera sirve para salvarse”, callando la terrible consecuencia lógica: si cualquier creencia sirve para salvarse, entonces todos los apóstoles, santos y misioneros que dieron su vida por llevar el Evangelio a todas las naciones se equivocaron (Dios me perdone por repetir tamaña infamia).

Cómo lo están haciendo:

La religión, camino explicado por Dios

La religión es el camino verdadero porque fue enseñado directamente por Dios (Jesucristo) y por los que le han sucedido (los papas, que cuando hablan de temas de fe y de moral no yerran nunca). (Desde 1958 los papas del Vaticano son falsos).

Todo lo que no sea esto son caminos errados, pues dependen de los hombres, son obras humanas y, por tanto, imperfectas, y, a partir de sólo un error, se desmorona todo tarde o temprano.

Los papas no son dueños de la doctrina, son sólo administradores del “depósito de la fe”, que podemos entender como un depósito del cual pueden “extraer” (hacer públicos) contenidos (más verdades), pero no cambiar lo que contiene ni eliminar verdades contenidas en él (ya publicadas por alguno de sus predecesores o el mismos Jesucristo).

Para ello, cuando hablan de doctrina (temas de fe y de moral), son infalibles porque están protegidos por el Espíritu Santo (por Dios). Es imposible que un papa diga algo contrario a la doctrina (y si lo hace, es prueba de que no es un verdadero papa).

Sucedáneos

Musulmanes

Tienen varias ramas: sufis, chiítas, sunitas, wahabitas, etc.

No creen que Jesús fuera “el Cristo” (Dios), y por tanto, la santísima Virgen tampoco es para ellos la “madre de Dios”, ni los Evangelios la palabra de Dios.

Luteranos (mal llamados “protestantes”)

Hay innumerables ramas, cada una con su líder. Para ellos no hay santos, ni Virgen, ni purgatorio,...

Budismo

Hay ramas con líderes (como las tibetanas), pero hay otras ramas sin líderes.

Judaicos

La religión judía (judaica) se convirtió en el cristianismo con Jesucristo. Los que no le aceptaron siguieron su evolución propia (en varias ramas sin líderes de las mismas, sólo líderes locales más o menos poderosos: rabinos).

Hinduísmo

Hay quien ha contado trescientos mil dioses, carece de doctrina y autoridad.

La que ahora usurpa el Vaticano

Van cambiando paulatinamente las verdades por mentiras, llevando a los fieles incautos a las creencias “New Age” (“todos nos salvamos”, “la verdad es la de cada uno”, “hágase Ud. su Dios a su gusto, entiéndase con él directamente y, cuando le apetezca, cámbielo”, etc.).

Sucedáneos más pequeños

Hay muchas personas que han dedicado su vida a enseñar su camino para llegar a lo que ellas entendían como Dios, su camino de divinización del hombre (ese es el fin de la religión). De algunos de los ya fallecidos quedan grupos de seguidores.

Otros quizá no han tenido / tienen esa intención pero son divinizados por sus seguidores.

Y hay otros que son idolatrados, adorados, por sus seguidores, aunque son jugadores de fútbol, cantantes o actores de cine.

El problema de todos estos sucedáneos no es tanto las mentiras que enseñan, como que entretienen, distraen a sus seguidores y les dificultan llegar a la verdadera religión y a su salvación (la visión de Dios eternamente).

Procedimiento de enganche

Cuando algo nos produce una gran satisfacción, tendemos a repetir ese algo. Ya sea ir a un sitio a contemplar un paisaje maravilloso, comer un cierto plato, contar la misma historia,... Si ese algo nos lo proporciona una organización, pues nos hacemos seguidores, socios de esa organización.

Y está muy bien hacerse socio de un grupo excursionista que nos lleva a ver parajes tan hermosos, o de un club gastronómico para comer ese plato delicioso, o de un grupo de teatro,...

El problema es cuando hacemos de eso el centro de nuestra vida y nos olvidamos que el centro es Dios.

Para los que intuyen que hay algo mejor que los bellos paisajes o los sabrosos platos, están los sucedáneos de la religión (sectas).

Para que “muerdan el anzuelo” cada una ofrece “gusanitos” que son apetecidos por la futura presa: unas ofrecen verdades intelectuales (sobre la naturaleza, sobre la psicología humana,...) otras ofrecen agradables experiencias físicas y otras ofrecen agradables experiencias emocionales.

Son los tres aspectos de la realidad: inteligencia, energía, amor; y cada uno tenemos más desarrollados / somos más sensibles a los “gusanitos” de un tipo más que los de otro. A uno le mueve más la emoción, a otro el conocimiento y a otro la experiencia corporal. Unos acaban de médicos, otros de científicos y otros de futbolistas. Conviene que intentemos equilibrarlos.



Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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