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Leyes familiares

Estas leyes nos afectan a todos y nos sirven para entender mejor muchos comportamientos entre los miembros de la familia.

Aquí nos ceñimos a los temas de relación familiar consecuencia puramente de su “geometría”, principalmente. Quedan fuera temas de desarrollo personal psicológico, religioso, de entendimiento entre los cónyuges,...

La ley más importante:

Honra a tu padre y a tu madre para que seáis felices y tengáis larga vida sobre la tierra” (Ef. 6,2; Dt. 5,16; Ex 20, 12).

La segunda más importante:

Las casadas estén sujetas a sus maridos (...) como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres a sus maridos en todo. Ame cada uno a su mujer, y ámela como a sí mismo, y la mujer reverencie al marido”. Ef. 5:22

Índice

Principios

Las leyes son inexorables

Hay leyes más importantes que otras

El incumplimiento de la ley siempre se paga

Leyes

Varias

Preferencias entre padres e hijos

Educación de los hijos

La transmisión transgeneracional (de los traumas y no traumas)

Amar a los padres

Relación entre cónyuges

Importancia de la autoridad

Ventajas de la familia cristiana

Educación de los hijos (breve) (incluye “buenos y malos juguetes”)

Bibliografía

Salvedades

Principios

Qué es una ley

Una ley es una frase que nos informa de cómo funciona el mundo.

Por ejemplo: la ley de la gravedad -todo cae para abajo-, o qué debemos esperar del gobierno cuando conducimos alocadamente: que nos multen y encarcelen.

Podemos creérnoslas o no, nos pueden gustar o no, las leyes hechas por los hombres pueden ser justas o no. Pero incumplir una ley trae sus consecuencias más o menos inexorables:

Aquí hablaremos de leyes biológicas y de sentido común comprobables por la razón. También hablaremos de leyes de Dios que sólo podemos conocer según la fe que hayamos recibido.

Las leyes a veces se escriben como un mandato: “Honra a tu padre y a tu madre...” pero podemos verlas como un buen consejo de amigo o una información neutra “Si vas por ese camino, hay muchas piedras que te romperán los neumáticos”, “Honra ... y no tendrás problemas en la vida”.

Nsotros somos los que elegimos verlas como mandato o como consejo de amigo (en otro artículo hablamos de cómo deformamos el mundo).

“No matarás” (5º mandamiento) y “El asesinato está penado con 20 años de prisión” (Código Penal), dicen lo mismo, sólo el estilo es diferente.

Hay leyes más importantes que otras

Si vemos una casa ardiendo con gente dentro, nos saltaremos el Código Civil, que castiga dañar propiedades ajenas y tiraremos la puerta abajo para sacar a la gente, porque el amor a los demás está por encima del Código Civil. El amor a los demás está por encima de todo porque es una ley de Dios, que nos manda amar a todos como Jesucristo nos amó (hemos de amar más a los que tenemos más obligación: familia, etc.).

Para ir contra alguna ley hay que tener:

  1. conocimiento de las leyes y su jerarquía,

  2. comprensión correcta de la realidad y

  3. hacer, hacerse, violencia, trabajar, esforzarse.

Es decir:

Con las relaciones en la familia pasa lo mismo. Hay las leyes familiares que explicamos aquí y hay la ley superior de la religión. Los papás romanos abandonaban en la puerta de su casa los hijos que no querían, la pediatría de entonces era el arte de saber qué hijos mantener y cuáles eliminar, y se burlaban de los judíos que no mataban a ningún hijo. Los judíos tenían (y algunos todavía mantienen) el repudio (“mujer, vete a tu casa”) y la poligamia. Con esta barbarie acabó el cristianismo(*) y ahora, en este mundo anti-Dios estamos ya igual o peor que los romanos (con aborto, divorcio, eutanasia,...).

Total, en el tema que nos ocupa:

  1. hemos de darnos cuenta de que tenemos tendencia biológica, inevitable, a (por ejemplo) querer más a unos hijos que a otros y

  2. trabajar conscientemente para evitarlo, porque la ley de Dios nos manda amar a todos los hijos por igual.

Es decir, en este artículo se explican leyes “de abajo” que son tendencias inevitables que nos interesa conocer y actuar compensándolas, porque nos lo manda las leyes “de arriba” -de Dios.

Leyes

Varias

1) Nuestra vida es limitada (no podemos hacer todo).

2) Todo cambio requiere esfuerzo (es más cómodo no hacer nada o repetir las cosas, estamos más cómodos entre iguales, que conocemos, que no hemos de esforzarnos en comprender).

3) Tendemos a usar en exceso nuestras facultades particulares y el poder que tenemos. El herrero tiende a arreglar todo con hierros, el albañil con paredes, el carpintero con muebles, el pensador pensando, el forzudo a golpes, el padre a abusar de su autoridad y la madre a sobreproteger a los hijos o abusar de su dominio del hogar. Los anti-Dios que mandan en casi todo el mundo (y sin perspectiva de cambio) dan poder a la mujer y se lo quitan al marido para subvertir el orden establecido por Dios, en que el hombre es el cabeza de familia y la mujer le debe obediencia -excepto si le ordena pecados graves y muy claros. Lo hacen así para destruir la relación hombre – mujer, que es uno de los últimos baluartes antes de destruir totalmente hasta a cada individuo.

4) El hombre no gesta, la mujer sí (la gestación compromete a la mujer y no al hombre).

5) El embarazo limita las facultades de la mujer, necesita más a los demás.

6) Jesucristo (Dios) anuló la poligamia judía y el repudio: estableció el matrimonio indisoluble y la sumisión de la mujer al marido. De esta forma ayuda al hombre obligándolo, comprometiéndole con su mujer contra su tendencia biológica, natural, que no es el compromiso, y ayuda a la mujer a que no abuse de sus nuevos privilegios. (“Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres a sus maridos en todo” Ef. 5:22 -(**)).

7) Que el otro peque no hace buenos mis actos. Si el marido no ama a su mujer como Dios le manda, no da derecho a la mujer a dejar de obedecerle.

Consecuencia de 5, 6 la mujer necesita un marido que la cuide para procrear (o “papá estado” diabólico).

Consecuencia de 2, 3, 6: en esta sociedad anti-Dios que favorece a la mujer, ésta tiene tendencia a abusar de su posición: aprovechar los beneficios de la religión (no repudio, no poligamia), y rechazar sus obligaciones (obediencia al marido).

8) Podemos aprender cosas y no ponerlas en práctica en el momento, sino mucho tiempo después. Podemos ver a nuestro padre cómo mata un pollo pero no hacerlo hasta años después: “Vamos a matar el pollo como una vez vi a mi padre hacerlo”.

9) Aprendemos: por imitación, sugestión, por condicionamiento (pasivamente, como cuando fuimos niños pequeños, inconscientemente aunque estemos despiertos) o reflexionando (con esfuerzo, con el uso del raciocinio, conscientemente). Sólo valorando conscientemente nuestros comportamientos podemos superarlos, librarnos, de los malos. Todo comportamiento que no hayamos pasado nunca por la consciencia, lo repetiremos, imitando lo que hemos visto a otros. Aunque sea un comportamiento nefasto que hayamos visto a nuestros padres, y, cuando lo repitamos, igual tampoco somos muy conscientes de lo que hacemos, cegados por el dolor. Podemos no querer recordar, pasar por la consciencia, hechos dolorosos que presenciamos, por el dolor que nos causa recordarlos. Pasarlos por la consciencia no es suficiente, hay que saber superarlos integrándolos en el orden verdadero (de Dios), porque pueden superarse para mal, para alimentar otro error más grave. Este es el riesgo de las terapias / gurús que hacen rememorar malos recuerdos.

Es decir, de todos los comportamientos básicos que no re-evaluemos conscientemente durante nuestra vida adulta, somos en gran parte un calco de nuestros padres (de nuestra madre, sobre todo).

10) El amor de padres a hijos (y viceversa) tiene la tendencia a no ser puro, a ser interesado (“te quiero porque eres mío”, “te quiero porque me alimentas”). Conviene que los padres busquen y ejerciten oportunidades de amar sin interés para que sirvan de modelo a sus hijos (amar a los abuelos aunque no vayan a recibir de éstos ninguna herencia, amar a quien no nos lo va a poder gratificar, amar como nos ama el sol o Dios).

Preferencias entre padres e hijos

11) El orden que somos entre los hermanos nos marca mucho. Los primogénitos se parecen (en que son la primera experiencia paternal de los padres y tienen que “abrir brecha”, son conservadores porque así defienden su posición ante los que llegan después), los últimos se parecen (en que al ser los últimos en llegar se encuentran “todo el bacalao repartido”, los mejores puestos ocupados, por eso son revolucionarios).

13) Los padres desean tener tantos hijos (y no más) hasta que nazca el de su orden: el padre primogénito o hijo único querrá tener sólo un hijo, la madre segunda querrá tener dos y tenderá naturalmente a ver al primero como un medio (necesario, trabajoso, molesto por 2) para tener el segundo, que es el que ella quiere. Quizá, de alguna forma (por abortos espontáneos inclusive), el padre y la madre influyan sobre el sexo del embrión (correspondiente) para que sean como el suyo.

14) consecuencia de 13): los padres solemos ver a nuestro hijo predilecto (correspondiente) como un nuevo “yo”, como una posibilidad de volver a empezar nuestra vida sin cometer los errores pasados. En vez de dedicarnos nosotros a vivir nuestra vida haciendo lo que nos corresponde a nuestra edad, quizá vamos a influir demasiado en nuestro hijo, forzándole a vivir lo que nosotros quisiéramos haber vivido, para así vivir nosotros esas experiencias (aunque sólo nos las cuente).

Cierta parte de nuestra vida debemos dedicarla a los hijos, pero sin pasarnos, sin olvidarnos de que nosotros también tenemos mucho que hacer / crecer / limpiar, pues de formas sutiles (que estudia la psicogenealogía) transmitimos nuestros traumas a nuestros hijos.

15) Para cada hijo su padre y madre son las que toma como modelo, imita, pues son las primeras personas del mismo y opuesto sexo con las que se relaciona (y con las que tiene una relación intensa y prolongada durante años de formación).

Los niños pequeños aprenden por imitación, sugestión y condicionamiento, porque no son capaces de razonar. Tan pequeños no son capaces de memorizar los detalles de las conversaciones, pero sí de percibir y memorizar los estados emocionales, los tonos de las voces (y no digamos los gritos, peleas, o enfados). Yo creo que, en general, la niña aprenderá de su madre a tratar a los hombres como la vea a ella tratar a su marido. Ídem, el niño. O quizá lo que haga que un hijo tome de modelo a un progenitor no sea la coincidencia de sexo sino su “simpatía mutua” producto de lo dicho en 13. Y esto siempre que no haya algún trauma grave que impida la primera elección según las reglas anteriores.

Consecuencia: Mal aceptará marido la mujer que siendo niña no aceptó la autoridad de su padre, porque su cónyuge acabará siendo padre (aunque no de ella, claro). Mal aceptará esposa el hombre que siendo niño no quiso a su madre, porque su esposa es una futura madre.

Los hijos varones aprenden a tratar a las mujeres por imitación de como su padre trata a su madre.

Padre: para que sus hijos no tengan dificultades con las novias, ame a su esposa. Si sus hijos tienen dificultades con sus esposas, asegúrese que Ud. no les está dando mal ejemplo con su relación con su esposa.

Las hijas aprenden a tratar a los hombres por imitación de como su madre trata a su padre.

Madre: para que sus hijas no tengan dificultades con los novios, ame a su esposo. Si sus hijas tienen dificultades con sus esposos, asegúrese que Ud. no les está dando mal ejemplo con su relación con su esposo.

Aunque los hijos estén todo el día viendo malos ejemplos por la televisión, si en casa ven amor entre sus padres,...

La transmisión transgeneracional

(De los traumas pero también del comportamiento en general o de las aficiones).

(Vimos en otro artículo qué son los traumas y cómo manejar los problemas y que no se conviertan en traumas.)

Hay antepasados con los que tenemos una relación más intensa que otros. Evidentemente, primero nuestros padres, pero también otros.

Habitualmente no somos conscientes ni de lo “bueno” que hemos recibido de ellos, ni de lo “malo”.

Sólo cuando lo “malo” nos altera tanto la vida que vamos a un terapeuta que sepa de psicogenealogía es cuando lo descubrimos. Son los traumas heredados.

Como se explica más ampliamente en el artículo citado, la gente no cuenta sus traumas pero sus acciones están afectadas por ellos. Es decir, en vez de transmitirse “en positivo”, (conscientemente, con palabras), se transmiten “en negativo” (sin darnos cuenta, con silencios, mentiras, secreto); con lo que el niño lo percibe como todos percibimos una imagen, aunque esté en negativo.

Al niño le atrae todo sobre lo que los padres ponen emoción (sea “bueno” o “malo”), y, de mayores, el objeto o el hecho que a sus padres les alteraba, será del interés para los hijos, no siempre de rechazo, sino a veces de atracción.

Es decir, que tendrá fobias u obsesiones no basadas en sus experiencias pasadas, sino en las de sus ancestros.

Modos de transmisión transgeneracional

El primer modo que citamos ocurre siempre porque transmite comportamientos cotidianos, ejecutados sin un énfasis especial.

El resto sólo se producen en los casos de pecados, heridas, traumas graves sufridos por los padres.

Transmisión emulativa de un funcionamiento incorrecto:

Los padres tienen un funcionamiento egoico (ellos se consideran el centro del mundo), actúan como máquinas de perseguir el placer y huir del dolor, viendo a los demás como enemigos, obstáculos para conseguir el placer o como fuente de dolor. Comportamiento basado en cálculo, en base a los demás (Si hago esto le gustará al jefe, si hago lo otro, no, ...)

Los hijos repiten ese comportamiento por sugestión (imitación) y por coerción (sufrir en sus carnes la aplicación de esa regla: “si no te comes la sopa, sopapo”).

Si los hijos, siendo ya padres, siguen todavía con ese comportamiento, pues lo heredarán sus hijos (los nietos), etc.

El comportamiento puede ser pecaminoso (maltratar a los hijos). Los hijos pueden sufrirlo pero también lo aprenden. Cuando sean mayores, ante una dificultad con sus hijos (los nietos), tenderán a maltratarlos, pues es el hábito que conocen, y lo malo conocido es mejor que lo bueno por conocer, lo conocido (aunque malo) nos ha mantenido vivos hasta hoy, lo bueno por conocer, desconocido, puede ponernos en peligro.

Transmisión emulativa del funcionamiento correcto:

El de cualquier creyente que se sabe pecador y cumple Sus mandamientos (amaos los unos a los otros como Yo os he amado). Comportamiento basado en hacer Su voluntad. Saben de los beneficios de abrazar las cruces con alegría o al menos con resignación (Ver artículo cómo llevar las penas con alegría). Los hijos repiten ese comportamiento por sugestión(imitación) y por convicción.

Transmisión compensatoria 1

Trauma / defecto de los padres que les hizo sufrir mucho → compensación exagerada en los hijos (que no pasen el hambre que pasé yo, que aprendan inglés y no les pase como a mí, que tengan estudios y no como yo,...) Sin darse cuenta que ahora no es lo más conveniente que aprendan inglés, tengan estudios, o hay cosas más importantes que preocuparse que tener comida.

Transmisión compensatoria 2

Pecado de la madre del que se arrepiente (no quiso a su madre) → énfasis excesivo por que los hijos la quieran → rechazo por los hijos a tanta obsesión → más énfasis por la madre, que no sólo no consigue que la quieran, sino que la consideren una pesada y la rehúyan verdaderamente. Actitud de la que se arrepentirán de mayores, y, cuando tengan hijos harán lo mismo que hizo su madre.

Transmisión prohibitiva

Es tan obsesivo el padre prohibiendo algo concreto (beber vino) que es lo primero que harán los hijos cuando sean mayores, y lo harán en exceso (emborrachándose), fuera de su momento (fuera de las comidas), queriendo recuperar la experiencia perdida, con lo que tendrán malas experiencias. Esas malas experiencias por hacer las cosas fuera de tiempo, quizá no por las cosas en sí, hará que se las prohíban obsesivamente a sus hijos (los nietos), como hizo su padre con ellos.

Además, recibimos de nuestros ancestros:

Heredamos, recibimos sin elegirlo: apellidos (ilustres, pesados a veces), lengua: con lo que facilita y lo que no (aparte de las cuestiones mundanas, citar que, por ejemplo, en ruso no se usa el presente de indicativo del verbo ser, con lo que es más difícil decir “yo SOY el alcalde” (en vez de “yo estoy de alcalde” que sería lo lógico y coherente con otros usos del verbo ser/estar). Una familia, antepasados, parientes,... un lugar de nacimiento, con su paisaje: casa, árboles plantados por nuestros abuelos,... costumbres de todo tipo: de vestido, higiene, culinarias,... religión.

A veces son herencias muy antiguas: escritos de gente antiquísima, memoria de hechos históricos lejanos o cercanos (cruentos o alabables), quizá con los actores todavía vivos o sus descendientes; hechos de personas o de muchos de un pueblo o país (pueblos o naciones dedicados al contrabando, piratas,...), monumentos, construcciones que nos siguen influyendo siglos después, personajes modélicos.

Educación de los hijos

21) Creo que la madre es la responsable de la formación básica de los hijos (cuerpo y comportamiento) y el padre de su integración social. Consecuencia: la función de madre va perdiendo importancia a medida que crecen y la del padre al revés, hasta que se emancipan. Acción anti-natural: la madre tiene que aprender a ir desapareciendo (no ser pesada); el padre no debe abusar de su autoridad especialmente cuando son pequeños, y dejar hacer más a la madre. (Las responsabilidades citadas de los progenitores son sólo las diferenciales entre los dos. Luego tienen otras, más importantes, comunes a los dos).

22) Los hijos, al ir creciendo, van aumentando su poder corporal. El uso de esta nueva facultad choca inevitablemente con la realidad circundante (primero la familiar, la de sus padres y hermanos, y luego la social). Es responsabilidad de los cónyuges (que deberían saber más que los hijos), el darse cuenta de ello y no verlo como un ataque a sus posiciones, un menoscabo de su autoridad, aunque ciertamente tendrán que dejar cocinar alguna vez a su hija o su auto a su hijo. Deben saber encauzar este incremento de poder de sus hijos hacia su desarrollo personal y social (de los hijos). Difícil lo tienen los hijos de padres con poco desarrollo personal y social y que además se nieguen a buscarles buenos maestros que les enseñen a eso (y dejen que sean otros o la tv quien les enseñen). Difícil lo tienen si los padres no quieren que los hijos les adelanten. (Nadie tuvimos padres perfectos. Hemos de elegir perdonarles y vivir o quedarnos muertos en vida, petrificados en nuestro rencor).

23) Los hijos son criaturas creadas por Dios. Los padres no crean nada y mucho menos el alma de los hijos. Dios les ha dado esos hijos a sus padres:

Incumplen sus deberes los padres que desatienden lo anterior o quieren que el desarrollo de sus hijos sea de una cierta manera y no de otra. Manera que puede ser consecuencia de las carencias que los padres sienten (“que mi niño no tenga que sufrir por no saber inglés como yo sufro”), o de los intereses / orgullo de los padres (“que mi niño continúe con la empresa que fundé”), etc.

Amar a los padres

31) La biología obliga a las mujeres a gestar a sus hijos, y las induce a amamantarles. Además, los matrimonios tienen hijos por su propia voluntad. Ello les lleva a tener la tendencia a amarlos (pues son obra suya). En cambio la biología no nos induce a cuidar de nuestros padres, y los tuvimos sin elegirlos por nuestra voluntad. Es decir, tenemos una tendencia natural a querer más a nuestros hijos que a nuestros padres.

32) De pequeñitos no vemos ningún defecto en nuestros padres, para nosotros son Dios, pues de ellos recibimos todo, y como no tenemos uso de razón, no pensamos, sólo imitamos.

A medida que vamos creciendo vamos viéndoles carencias, limitaciones, defectos (“el papá del vecino tiene un auto más grande que el nuestro”), pero como tenemos muy poco poder, pues hemos de aguantarnos.

Cuando pasamos a ser adultos es otro paso más en nuestro desarrollo, y como tal, es un incremento de nuestro poder. Cada vez más vemos los defectos de nuestros padres y empezamos a ver las consecuencias que nosotros pagamos (“Si en vez de enviarme a clases de inglés me hubierais enviado a clases de chino, ahora podría obtener ese trabajo tan bueno”). Ello se agrava por que la sociedad anti-Dios actual dificulta, retrasa, la actividad social de los nuevos adultos (la vida cada día es más cara, etc.) (y dificulta la educación cristiana de los hijos, que puede desanimar a los futuros matrimonios). Ello provoca la existencia de los “adolescentes”: personas adultas físicamente pero limitadas para obrar socialmente. Evidentemente el estado anti-Dios fomenta esto, porque cuantas más anomalías en el desarrollo y, por tanto, más tensiones internas tenga la persona, menos se acordará de Dios. Hay mucha gente que se queda en estado adolescente mental en relación a sus padres, en el estado “Yo estoy mal, tú estás mal”, y no llegan a darse cuenta que sus padres les quisieron lo mejor que supieron y pudieron, y, los que no lo hicieron así, suficiente pena tenían con cargar con su vida. Pierden el llegar al estado “Yo estoy bien, tú estás bien”, al amor completo, a amarles con sus cualidades y defectos, y se quedan en el “amor” instrumental (“te quiero porque me das de comer”). ¡Podres hijos que no han descubierto el amor!, ¿cómo lo van a practicar en el matrimonio?, ¿qué ejemplo van a dar a sus hijos?

Nuestros padres son los que más nos han beneficiado y los que más nos han perjudicado (no va a ser “el vecino del quinto piso”) (es con ellos con los que hemos convivido en nuestra etapa más vulnerable de nuestra vida).

Dados los hechos 31 y 32, Dios nos manda, por el cuarto mandamiento, amar a nuestros padres, porque no es nuestra tendencia natural, tanto porque naturalmente queremos más a nuestros hijos y olvidamos a los padres como porque al desarrollarnos lo natural es primero ver lo negativo y odiarles.

Al ser una ley de Dios es muy grave incumplirla, y el Evangelio promete la felicidad ya en esta vida al que la cumple y lo contrario al que no: “Honra a tu padre y a tu madre para que seáis felices y tengáis larga vida sobre la tierra” (Ef. 6,2; Dt. 5,16; Ex 20, 12).

Relación entre cónyuges

Creo que el comportamiento en el matrimonio tiene dos factores principales:

Es decir, cada sujeto tiene que trabajar

- para encontrar y superar sus malos hábitos heredados

- para seguir creciendo.

Para ello nos pueden ayudar cualquiera de las infinitas terapias, gurús o libros de autoayuda; pero sin religión (la única verdadera, la que había hasta 1958), se quedan sin responder las preguntas clave que marcan el Norte y ponen orden en todo.

Frecuentemente un novio busca otro que le compense carencias, cuando, como dice el Rvdo. P. Miguel Rodríguez Sala: “No hemos de buscar la pareja que nos haga feliz, sino a la que podamos hacer plenamente feliz”.

Este otro artículo habla de cómo comprender mejor a la pareja.

Importancia de la autoridad

Los que mandan destruyen toda autoridad que se les pueda resistir. Lo hacen directamente (con las leyes anti-maridos), con la propaganda anti-patriarcado, o indirectamente: maestros, profesores, obligándoles a un trabajo dañino para los niños. Los curas se desprestigian por la situación actual de la iglesia. Incluso atacan la autoridad de sus títeres (los políticos), de los que se desharán, como se deshacen de todos los que ya no necesitan. Los que mandan desprestigian a sus servidores permitiéndoles corromperse y luego aireando los escándalos. Su plan es que cada vez tengan más poder los organismos no democráticos, compuestos por técnicos (ONU, son todos sus organismos OMS, OMC, FMI, etc.). Más adelante, hasta a éstos eliminarán y dejarán máquinas.

Destruyendo la autoridad eliminan quien pueda resistirse a sus planes, pero hay otro efecto no menos importante: destruyendo la autoridad, desprestigiando la obediencia, eliminan dos relaciones fundamentales: marido – mujer y padres – hijos. Sin padres y sin cónyuge, ¿cómo queda el individuo? Pues como alguien totalmente indefenso, a su merced, con una cantidad de ruido interior que le será muy difícil descubrir quien es y qué hace aquí.

Ventajas de la familia cristiana

La religión ayuda a resolver todas los problemas anteriores a medida que van apareciendo. Sus prácticas, el conocimiento de lo que es pecado (enfadarse, entristecerse, quejarse,...) les ayudan cada día. Además, el mero hecho de tener muchos hermanos elimina por sí solo muchos problemas: un solo hijo se tiende a mimar demasiado, dos es el número imprescindible para que puedan pelearse entre ellos, con tres un hermano puede pelearse con otro pero llevarse bien con el otro, más hijos, hace que ningún hijo aguante enfadado mucho tiempo porque en seguida encontrará otro que le consolará, ayudará a aceptar, superar la situación, a desarrollarse como persona y no digamos ya socialmente. La familia atea (sin el soporte de Dios) lucha frente al Demonio como un niño con un palo frente a un avión de guerra.

Cómo se perpetúa la familia:

Cómo no se perpetúa:

Educación de los hijos

Todos vemos claramente que para que un niño aprenda a tocar el violín, hay que enseñarle, tiene que aprender. Ídem aprender a cocinar, etc.

A veces olvidamos que el niño también tiene que aprender a: amar, perdonar, luchar, tener paciencia, a descansar, a relajarse sanamente después del trabajo, ...

Esto no lo aprende en la escuela, esto lo aprende en casa por imitación (o no lo aprende y será una asignatura pendiente que quizá arrastre toda su vida).

Por eso los hijos se parecen a los padres en el carácter (y en consecuencia en la fisionomía, pues uno produce la otra). Porque copian lo que los padres saben hacer y desconocen, les falta, lo que no han aprendido de sus padres.

Los padres pueden hacer dejación de su obligación y entregar a sus hijos a la televisión, películas, que serán ellas las que darán los modelos en los que el niño aprenderá. Copiará más a su “héroe de la tele” que a sus padres.

Por ejemplo, enseñarles que: amar no es decir siempre que sí, que el que perdona no lleva la contabilidad de las veces que ha perdonado, que hemos de luchar sin enfadarnos ni agotarnos, que el que tiene paciencia ve las cosas pero no pierde de vista lo más importante,...

A partir de que el niño tiene uso de razón es cuando podemos empezar a hablarle de estas cosas, hasta entonces no debemos hablarle de ellas sino ejercerlas delante de él, porque sólo son capaces de imitar, no de razonar por sí mismos (formarse ideas por elaboración propia a partir de lo que percibe). No es que copien, es que antes de los 3 años ni se dan cuenta de que no son los demás (sus padres).

Los hijos se comportarán con nosotros tal como les hayamos enseñado

(Aunque siempre pueden aprender de mayores otra cosa)

Ejemplo: Los padres que se comportan de forma egoica, considerándose ellos el centro del mundo y los demás inferiores a ellos, enemigos, obstáculos para alcanzar la felicidad, están dando ese modelo de comportamiento a sus hijos. Luego no deben sorprenderse si sus hijos les aplican las mismas reglas a ellos y les consideran “trastos molestos” que conviene que estén en un asilo para que no sean obstáculo a su felicidad.

Aprender a amar (un amor puro)

Hasta Jesucristo los hombres sólo éramos capaces de amar a nuestros familiares y amigos (cumpliendo los 10 mandamientos). Él nos dio un nuevo mandamiento: “Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado”. Si nos lo dio es porque a partir de entonces somos capaces de cumplirlo (y debemos cumplirlo, pues es un mandamiento, no un consejo). Amar de esa forma es:

Ejemplos de ello, aparte del mismo Jesucristo: pues los que siguen sus pasos, como las monjas o misioneros que entregan su vida a los demás que no se lo van a poder pagar, o sencillamente, el bueno cristiano que orienta a alguien perdido a quien no va a volver a ver más o el que cuida a su madre anciana.

(Amar a los hijos o familiares puede no ser un amor puro, porque solemos amarles porque son nuestros hijos, no amamos igual a otro niño. Podemos cuidar a nuestra madre anciana y enferma con un amor puro aunque vayamos a recibir una fortuna como herencia de ella).

Aprender a razonar (correctamente)

A partir de que el niño tiene uso de razón es cuando debe desarrollar el pensar, razonar, correctamente, y lo hace leyendo libros con buenos razonamientos, que explican verdades, no libros que son pura propaganda o manipulación o viendo la televisión o vídeos por internet. Los rudimentos básicos de pensar bien nadie los aprende estudiando libros de filosofía, sino por imitación.

Si aprendemos a pensar bien, luego, cuando leemos u oímos falsos razonamientos, nos damos cuenta de ello, vemos lo que calla, lo que no corresponde con la realidad (miente), que usa palabras ambiguas, que se fija en lo accesorio y no en lo esencial,... con ello tenemos pruebas claras, objetivas, de la manipulación. De lo contrario sólo “nadamos” en “impresiones”, que pueden ser acertadas y que expresamos diciendo “esto me huele mal”, “esto no está claro”, etc. pero que por no ser claras y objetivas podemos estar equivocándonos, podemos estar tiñendo lo que oímos o leemos con nuestros malos prejuicios y que no podemos transmitir a otro con garantía de que estamos diciéndole la verdad.

El niño no razona correctamente si va “dando saltos” sin ninguna lógica: “Porque me he comido toda la sopa me merezco que me compre un balón nuevo, y con el balón nuevo ganaremos el campeonato”.

Aprender a comportarse (socialmente)

En la escuela no suelen aprenderlo.

Juguetes buenos

(que no dañen el desarrollo del niño)

Si el muñeco es un bebé, facilitará que la niña juegue a comportarse a ser madre, imitando a la suya.

Si la muñeca es una "mujer sexy", facilitará que la niña empiece a pensar en qué ropa ponerse, cómo peinarse, a tener novio, a tener ex-marido, a pensar en el auto,...

Si el muñeco es un bebé, la niña no puede salirse de su situación de juego porque no puede ser madre. El juguete no acabará con su época infantil, de juego, de despreocupación.

En cambio, si la muñeca es una persona ocupada en sus objetos (ropa, joyas, auto,...) la niña sí que puede trasladar ese juego a la realidad.
El juguete saca de la época infantil y mete a la niña en la tensión mental de otra edad. Esta energía mental gastada se retrae de la que necesita el cuerpo para su normal desarrollo, que quiere decir que tendrá problemas físicos (dentadura estrecha, por ejemplo).

Bibliografía

Para más información pueden leerse libros de psicogenealogía (Marc Fréchet y otros).

El tema de lo que es propio de una mujer y lo que es de un hombre está más explicado en esta otra web.

El tema de las formas de aprender está más explicado en esta otra web, y el tema de la sugestión en en este otro artículo de esta web.

(*)

Y dijo: “Por esto dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne”. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Ellos le replicaron: Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar? Díjoles Él: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Y yo digo que quien repudia a su mujer (salvo caso de adulterio) y se casa con otra, adultera. Mat 19,5.

(**)

Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, y salvador de su cuerpo. Y como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres a sus maridos en todo. Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola mediante el lavado del agua con la palabra, a fin de presentársela así gloriosa, sin mancha o arruga o cosa semejante, sino santa e intachable. Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. (...)

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne. (...) Ame cada uno a su mujer, y ámela como a sí mismo, y la mujer reverencie al marido”. Ef. 5:22

“Que las ancianas observen un porte santo, no sean calumniadoras ni esclavas del vino, sino buenas maestras, para que enseñen a las jóvenes a amar a sus maridos y a cuidar a sus hijos, a ser prudentes y honestas, hacendosas, bondadosas, dóciles a sus maridos”. (Tito 2:3)

Salvedades

Este sitio es cada vez más difícil de encontrar con los buscadores, por lo que explicamos aquí. Si quiere volver a él, mejor que se acuerde de su nombre (martin13.com).

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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