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Qué hacer con las penas de la vida

“Todo sucede para bien de los que aman a Dios” (Rom, 8, 28)

Primera reacción

Siempre paciencia y mejor alegría. (3.57.2 "Sufre a lo menos con paciencia, si no puedes con alegría" Kempis, llevásteis con alegría la rapiña de vuestros bienes”, Heb.X 34-35. “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense.” Flp 4,4)

Si vivimos entregados a hacer Su voluntad (como todo creyente tenemos que vivir), cada dificultad que encontramos en la vida es una oportunidad para demostrar más a Dios cuánto le amamos. De la misma for a que cada dificultad que encontramos (y superamos) cuando vamos a llevar una rosa a nuestra novia incrementa la demostración de nuestro amor por ella.

Si estamos encerrados en nuestro dolor:

Si nos desagrada lo que Dios nos envía (pues todo nos lo envía Dios para nuestro bien) perdemos mucho:

Cristo con la cruz. Cuadro de El grecoPérdida grande, pues grande es nuestro pecado al decir cada día en el Padrenuestro: “hágase tu voluntad”, y cuando se hace -siempre-, la rechazamos, no nos gusta.

No es con nuestras fuerzas que vamos a conseguir llevar con gusto y alegría las penas de la vida, como dice el Kempis:

2.12.9 No es según la condición humana llevar la cruz, amar la cruz, castigar el cuerpo, ponerle en servidumbre; huir las honras, sufrir de grado las injurias, despreciarse a sí mismo, y desear ser despreciado; sufrir toda cosa adversa y dañosa, y no desear cosa de prosperidad en este mundo. Si miras a ti, no podrás por ti cosa alguna de éstas: mas si confías en Dios, Él te enviará fortaleza del cielo, y hará que te estén sujetos el mundo y la carne. (Como se ve en el cuadro de El Greco, Jesucristo mira al Padre mientras lleva la cruz. Nosotros a rezar).

Segunda reacción

Llevar la pena de buen grado no quiere decir que no hagamos nada:

así pues nunca usar el mal (pereza, odio, excesos,...) para alcanzar el bien (Rom 3,8; 12,21).

Discernir

Ver bien, aprender cómo es el mundo para saber diferenciar cuando nos viene a visitar un rey cargado de presentes y regalos y cuándo es una banda de forajidos.

Por ejemplo: en el tema de la salud corporal, los descubrimientos de Hamer no sólo nos explican por qué nos ocurren ciertas enfermedades, sino que además, a menudo, nos hace ver que los síntomas que nos aterraban son síntomas de curación, de que nuestro cuerpo está funcionando bien, beneficiosamente (y son motivos, por tanto, de alegría: “¡Qué bien, ya tengo sudores nocturnos!”).

Discernir, en nuestro examen de conciencia diario, si las penas que recibimos son verdaderamente “penas de la vida” o son sufrimientos mentales de nuestro orgullo herido, del tipo “Pepito me ha dicho tonto” o "qué bueno que soy que sufro tanto". (Ver también la Nota). ¿Son “penas de la vida” o es nuestro odio a fulanito que hace que nos moleste tantísimo la forma que tiene de aparcar su auto?

Si son verdaderamente “penas de la vida”, hemos de ver si nos llegó sin saber por qué (lo que se llaman "cruces", "¡Señor qué cruz me ha caído!") o como consecuencia de lo que hicimos (o dejamos de hacer. Hay dos opciones:

  1. O son simples castigos por nuestros pecados: conducimos borrachos y nos multan.

  2. O son cruces que Dios nos envía para darnos oportunidad de mejorar.

A veces no es fácil discernirlo y, además, sabiéndonos pecadores (como el santo Job lleno de úlceras sentado en el estercolero), no es fácil encontrar cuál fue nuestro pecado. En cualquier caso tenemos que abrazarlas con gratitud.

Nuestro orgullo o pasiones, pueden cegarnos de dos maneras:

  1. No viendo la relación entre lo que hicimos y las consecuencias de ahora. (Conduzco con exceso de velocidad y recibo la multa una semana más tarde, me voy a vivir al lado del mar y luego me molesta el ruido de las olas, me voy a vivir a una gran ciudad y luego me molesta el ruido de los autos).

  2. Haciéndonos olvidar por completo nuestras penas, y así, excepto las más claras (estar con gripe), podemos olvidarnos de ellas en nuestros exámenes de conciencia. Por ello nos conviene tener un director espiritual a quien contarle todas las dificultades que tenemos, pues igual estamos tan acostumbrados a ellas o las consideramos tan nimias que no somos conscientes de ellas. Y rezar para que Dios nos ayude a recordarlas.

Mejorar continuamente el discernimiento

Cuando somos pequeños y no tenemos uso de razón no sabemos relacionar las cosas. (No sabemos que si metemos los dedos en un enchufe nos dará calambre). Cuando crecemos vamos aprendiendo a relacionar cada vez más cosas (si aparco mal el auto tengo que pagar una multa).

Cuando crecemos más vamos dándonos cuenta de las consecuencias de nuestros actos no sólo en nosotros sino en los demás, no sólo las consecuencias inmediatas sino las consecuencias al cabo de años (plantamos hoy un árbol y al cabo de 7 años nos da fruta), y no sólo las consecuencias en nuestro entorno sino en todo el mundo (cuando compro en Amazon un libro que también venden en la librería de mi pueblo, estoy dando dinero a unos señores poderosos y desconocidos y quitándole el pan a Pepe el librero).

Cuando hacemos algo mal repetidamente, Dios nos habla cada vez más claramente (primero nos produce mala conciencia, luego consejos de familiares y amigos, luego multas, luego pequeño accidente, luego accidente mortal).

Y así, podemos ir descubriendo cómo “cruces” que “sin comerlo ni beberlo” nos llegan, no son “accidentes” caídos del cielo, sino que nosotros mismos produjimos que nos llegaran por nuestros actos voluntarios malos: si tengo un “accidente” con el auto es porque conduzco bebido.

Nuestro orgullo puede llegar a cegarnos totalmente de lo más evidente.

Para todo esto tenemos que estudiar, hacer buenos exámenes de conciencia, rezar pidiendo ayuda o pedir ayuda a alguien.

Trucos

Para sufrir con alegría, como sufre una madre las molestias de pasar toda la noche cuidando a su hijo con fiebre. Como sufre el marido que tiene que ir a trabajar a las 4 de la madrugada.

Sufren, pero sufren con gusto y alegría interior, porque saben que cada uno de los dolores que padecen por cumplir con su deber, que es hacer la voluntad de Dios, es una piedra preciosa que se añade a su corona de gloria en el cielo.

Sufrió Jesucristo, con la alegría interior de hacer la voluntad del Padre.

Todo creyente vive para hacer la voluntad de Dios según su estado: los casados cumpliendo sus obligaciones de casados, los religiosos cumpliendo las suyas.

Cada dificultad que superamos para seguir viviendo y, por tanto, seguir cumpliendo con Su voluntad, es una demostración de lo firme que es nuestro deseo de cumplirla, de lo grande que es nuestro amor a Dios.

Imaginemos que cada día vamos a cuidar de nuestra abuelita al pueblo de al lado. Todas las lluvias, barro, tormentas, frío, calor, que pasemos por ir cada día a verla, son demostraciones de lo mucho que la queremos. (En el caso de Dios, él nos lo recompensará en el cielo).

Y viceversa, si vamos quejándonos de cualquier dificultad, si vamos sin alegría, maldiciendo nuestra suerte de tener que ir a hacer un trabajo, pues evidentemente son muestras de lo contrario, de que no lo queremos. (Quejarse voluntariamente es pecado).

Todo esto no está en nuestras fuerzas hacerlo, sólo si Dios nos da la gracia (y Él no la niega a quien se la pide con humildad, sobre todo por intercesión de la Virgen):

Como dice el Kempis:

2.12.9 No es según la condición humana llevar la cruz, amar la cruz, castigar el cuerpo, ponerle en servidumbre; huir las honras, sufrir de grado las injurias, despreciarse a sí mismo, y desear ser despreciado; sufrir toda cosa adversa y dañosa, y no desear cosa de prosperidad en este mundo. Si miras a ti, no podrás por ti cosa alguna de éstas: mas si confías en Dios, Él te enviará fortaleza del cielo, y hará que te estén sujetos el mundo y la carne. Es el cuarto don del Espíritu Santo, el don de fortaleza.

Textos de ayuda

En esta página hay citas de "el Kempis", "La imitación de Cristo" que hablan del sufrimiento y cómo sobrellevarlo. -texto completo del libro aquí (0,3 Mb), otras citas sobre otros temas aquí) (Es el libro más leído después de la Biblia).

“El combate espiritual” de Scupoli, también habla del sufrimiento (ver extractos aquí).

Carta a los amigos de la cruz (de S. Luis-María Grignion de Monfort).

Les voies de la sainte croix (de Mons. Herni-Marie Boudon).

En el T.E.S. hay una cita a un libro sobre S. Francisco de Asís que cuenta cómo le explicó el santo a uno de sus hermanos lo que era la perfecta alegría. Es un texto casi cómico que se puede leer aquí, en esta otra web. En la Nota 2, más abajo, hay una explicación del mismo, es mejor leer la explicación después de haber leído el texto.

Refranes

“A las penas, puñaladas”, “el que canta, su mal espanta”, la canción “Todo es de color” de Lole y Manuel: “hacer consuelo en todas las heridas”; “si te regalan un limón, hazte una limonada”; “a mal tiempo, buena cara”.

Otra utilidad importante de las cruces

Preservarnos del orgullo, recodarnos quienes somos, meras creaturas de Dios que estamos en sus manos en cada instante. Cuántas veces oímos noticias de gente sana que muere de repente.

Nota

A menudo es una falsa conmiseración, sufrimos “histéricamente” -con la cabeza- porque somos incapaces de mantener la serenidad, o sufrimos por “proyección”: porque la experiencia que vemos vivir a otra persona nosotros también la vivimos, nos generó un trauma que todavía no hemos superado y suponemos que la otra persona tampoco será capaz de superarlo (y como tal, puede estar perfectamente equivocada y llevarnos a intentar sobreproteger o anular al otro).

Cuando los jóvenes eligen qué estudios cursar, probablemente los eligen en base a sus traumas pasados: para resolverlos o para evitárselos a otros -las carreras “vocacionales”.

Otro ejemplo de conmiseración ficticia es cuando nos “solidarizamos” con alguien muy lejano que nos cuentan. “Pulsa -me gusta- para ayudar a tal negrito del África que se lo va a comer un cocodrilo”. Todos los santos nos recomiendan amar sobre todo a los que tenemos al lado -padres, hermanos, vecinos,...- y creernos sólo la mitad de lo que vemos y la mitad de la mitad de lo que nos cuentan.

Nota 2 (Explicación de la “perfecta alegría”)

¿Por qué es la perfecta alegría la que el santo describe casi cómicamente? Porque una alegría así no depende de nada material, no depende de las circunstancias cambiantes de la vida, ni “éxitos” ni “desventuras”. Está “anclada” en el cielo, atada con una maroma a la voluntad de Dios.



Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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