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Usar las penas de la vida como satisfacción (expiación, propiciación)

(En esta otra página se habla de qué hacer en general con las penas de la vida)

Todo lo que hemos hecho mal (pecado) hemos de pagarlo (hemos de “satisfacer”/”expiar” por ese pecado).

“Satisfacer” es pagar la pena.

Al satisfacer sin rechazo no sólo pagamos la pena por nuestros pecados sino que también ganamos mayor gloria en el cielo.

Tipos de satisfacciones:

  1. La sacramental (lo que el cura nos manda hacer)

  2. Las que voluntariamente hacemos (oraciones, ayuno y obras de caridad)

  3. Toda contrariedad que Dios nos envía (lo que nos toca vivir sin desearlo)

En la penitencia el cura nos absuelve de nuestros pecados pero no nos evita la pena, el castigo por ellos. Con la satisfacción sacramental pagamos sólo una parte de la pena merecida por nuestros pecados.

¿Por qué tenemos que pagar pena, deuda, si Dios nos perdona los pecados?

Dios es infinitamente misericordioso, y por eso nos perdona todas las veces que pequemos, pero también es infinitamente justo y por eso nos impone un castigo, llamado pena temporal. (La pena eterna sería la condenación). Ésta es adicional a la pena sacramental y también tenemos que pagar por ella, tenemos que satisfacer, aquí o en el Purgatorio.

Cómo satisfacemos

Haciendo cosas voluntariamente (“penas procuradas”, “mortificación”, ”hacer sacrificios”)

En forma de oración, ayuno y obras de caridad u otras formas que nosotros decidamos. Especialmente asistiendo a misa (casi imposible en Europa en estos tiempos), pues al unirnos al sacerdote, que encarna a Jesucristo, en su sacrificio, estamos participando de su sacrificio, estamos expiando por el perdón de los pecados de muchos (Mt 26, 28). (Las obras de ayuno y caridad es necesario que sean molestas y dolorosas).

Todo lo que hagamos a disgusto (oración, ayuno, obras de caridad como ir a visitar a un enfermo) pierde su valor de satisfacción, expiación (aunque mantienen su valor meritorio, que nos da aumento de gracia).

Aceptando con alegría las contrariedades diarias

Contrariedades diarias:

Atasco de coches, avería, accidente, enfermedad, hace frío y tenemos que perder tiempo abrigándonos y cargar con más ropa; hace calor y tenemos que soportar ir sudando; estamos haciendo cola, estamos cansados, nos duele la cabeza, hemos perdido el tren, se nos ha muerto el gato, el policía nos pone una multa, el cliente no me paga,... (no todo el mismo día)

"cierta especie de pena que padecemos, no ya impuesta por el sacerdote, sino elegida y aceptada voluntariamente por nosotros mismos. Y así, son satisfactorios todos los trabajos y contrariedades que Dios envía al hombre, si éste sabe aprovecharlos como ocasión de satisfacer y merecer; y el que con disgusto y repugnancia lleva estos trabajos y miserias, se priva de todo fruto de satisfacción." Catecismo de Trento
("Positivo, positivo, siempre positivo", como decía Van Gaal, entrenador de fútbol)

Santa Teresa de Jesús sufría con buen ánimo las penas de este mundo, segura de que ese penar, llevado con aceptación de la Providencia, «me serviría de purgatorio» (Vida 36,9). E igualmente se consolaba cuando veía sufrir a pobres, enfermos, neuróticos: tendrán «acá el purgatorio para no tenerle allá» (Fundaciones 7,5; Camino de perfección 40,9).
(evidentemente a los que estaba fuera de sus fuerzas ayudar y siempre que ellos las supieran llevar sin disgusto ni repugnancia, como acaba de decir el Catecismo de Trento)

Los castigos bien merecidos por nuestros pecados también podemos “ofrecérselos a Dios”, o un “yo me abandono en Tí” o “unir nuestros sufrimientos a los de Jesucristo” (sirviéndonos de satisfacción), si estamos en gracia, si nos hemos confesado. (Si estamos condenados a prisión por conducción temeraria, si estamos en gracia, arrepentidos, confesados, con propósito de enmienda,... la pena de prisión bien llevada, sin disgusto ni repugnancia, nos sirve de satisfacción).

Las penas por el pecado original, bien llevadas con resignación y alegría, también nos sirven.

No con nuestras fuerzas, sino con Su gracia, con las fuerzas que nos infunde

Como dice el Kempis (extractos sobre el sufrimiento aquí):

2.12.9 No es según la condición humana llevar la cruz, amar la cruz, castigar el cuerpo, ponerle en servidumbre; huir las honras, sufrir de grado las injurias, despreciarse a sí mismo, y desear ser despreciado; sufrir toda cosa adversa y dañosa, y no desear cosa de prosperidad en este mundo. Si miras a ti, no podrás por ti cosa alguna de éstas: mas si confías en Dios, Él te enviará fortaleza del cielo, y hará que te estén sujetos el mundo y la carne.

Falsas satisfacciones

Cuando hay gente que dice con la boca “Señor te ofrezco esta pena a tí” pero con el corazón está diciendo otra cosa porque lleva la pena con disgusto, puede engañarse y creer que está satisfaciendo, pero en realidad no es así. Es obra de su orgullo de creerse buen creyente, pero orgullo al fin y al cabo: pecado.

El orgulloso que no soporta a ningún jefe y es expulsado de todos los trabajos, también puede, cegado por su orgullo, aceptar los despidos, pero no está satisfaciendo.

El que recibe multas y multas de tránsito por conducción temeraria, que las recibe con regocijo porque sabe cómo evitar pagarlas, tampoco está satisfaciendo, pues le falta hacer penitencia, con su propósito de enmienda (no volver a conducir como loco).

O el rico que le pasa lo mismo y que las paga sin preocuparse porque no representan nada para él.

Los sacrificios que ofrecemos a Dios (la aceptación de las penas que recibimos) ¿son realmente de corderos puros y sin mancha? ¿o son fruto de nuestros pecados, como hemos señalado antes? Cuando algo que recibimos nos duele, ¿no será nuestro orgullo herido al que le duele?

En todos los casos anteriores falta el primer requisito: estar en gracia, confesarse bien.

Hay casos, en que ni siquiera son penas de la vida, sino que son sufrimientos mentales de nuestro orgullo herido: imposible satisfacer con ellas.

Todos los anteriores no son “frutos dignos de penitencia” (Mt 3,8, Denzinger 464, Lev 22,20)

Cómo evitar equivocarnos con falsas satisfacciones

Por ejemplo, contando a nuestro director espiritual todos los males que padecemos, aunque no les demos importancia, los aceptemos y los llevemos con alegría. Él quizá nos hará descubrir que esos males no son castigo por pecados pasados y ya perdonados, sino por pecados actuales.

Por ejemplo, satisfaciendo también con mortificación, en vez de sólo aceptando “lo que nos llega”.

No es por nuestras satisfacciones que alcanzamos la justicia

El sacrificio de Jesucristo (en la cruz) es el que hace que nuestras satisfacciones puedan valorarse (metáfora de la balanza). Si él no nos hubiera reconciliado con el Padre, pagando el principal de la deuda, por muchos flecos que pagáramos nosotros, nunca serían suficientes. Así pues, aún obrando santamente, sin el sacrificio de Jesucristo estaríamos como antes de Jesucristo: esperando que alguien nos abriera la puerta del cielo.

Beneficios que obtenemos

Beneficios a otros

“uno puede satisfacer por otro, aunque no confesarse ni arrepentirse por otro; pues en virtud de la Comunión de los Santos, somos todos miembros de un mismo cuerpo” CT

(podemos satisfacer por los que están en gracia, por el resto sólo podemos rezar).

Podemos satisfacer por los difuntos siempre que no estén en el infierno, que estén en el purgatorio.

La culpa es personal e intransferible, la pena no:

“la culpa (...) en el sentido de la obligación del pecador por satisfacer la justicia divina, puede ser quitada, puede ser transferida de una a otra persona, o asumida por una en lugar de otra. (...)la culpa (...) en el sentido de demérito no admite eliminación ni transferencia”. "Teología sistemática 2" de Charles Hodge.

Textos de referencia

El texto más claro y completo es el Catecismo de Trento cuando habla del Sacramento de la Penitencia. Hay unos extractos que hablan de la satisfacción en este documento en formato odt. (o aquí en formato pdf).

Los otros textos, o no dicen que “llevar con agrado las penas” es un requisito para su valor expiatorio, o usan palabras menos claras: “paciencia”, “unión a Cristo”,... o sólo citan muy brevemente el tema.

El “Tratado de la conformidad con la voluntad de Dios”, de 1830, en (books.google.com):

Valor de expiación, satisfacción de las penas de la vida

“Quien considerare que ha ofendido a Dios y que merecía estar en los infiernos para siempre jamás, ¿qué deshonras, qué injurias, qué desprecios no recibirá de buena voluntad, en recompensa y satisfacción de las ofensas que ha cometido contra la majestad de Dios? “

“De esta manera habemos de abrazar nosotros las deshonras y trabajos que se nos ofrecieren. Vengan en buen hora, que por ventura será servido el Señor de recibir eso en descuento y satisfacción de nuestros pecados, y seria esa grande dicha nuestra. Si lo que gastamos en quejarnos y sentir los trabajos, lo gastásemos en volvernos de esta manera contra nosotros, agradaríamos mas á Dios y nos remediaríamos mejor.”

Cómo trocar las penas en alegría

“el ver que todo aquello viene de su mano y que se cumple en ello la voluntad y contento de Dios, hace que los trabajos se les conviertan en gozo y los desconsuelos en alegría ; porque mas quieren y aman la voluntad de su amado que la suya”

“juntamente con venirnos todas las cosas de la mano de Dios, habemos de entender que vienen para nuestro bien y provecho. Las penas de los condenados de mano de Dios les vienen , empero no para provecho y remedio de ellos, sino para puro castigo; mas las penas y trabajos que en esta vida envía Dios á los hombres, ahora sean justos, ahora pecadores, siempre habemos de creer y confiar de aquella infinita bondad y misericordia que los envía para nuestro mayor bien , y por que aquello es lo que mas conviene para nuestra salvación”.

Cómo están los justos

“Pues, ¿cómo estaban siempre en un mismo ser? ¿con un mismo semblante? ¿con una serenidad y alegría interior y exterior , que siempre parece que era pascua para ellos? La causa de esto era la que vamos diciendo, porque habian llegado á tener una conformidad entera con la voluntad de Dios, y puesto todo su gozo en el cumplimiento de ella, y así todo se les convertía en contento”.

“los justos son como Cristo nuestro Redentor , el cual nunca perdió la bienaventuranza del ánima, aunque tenia muchos dolores y penas”.



Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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