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Cuándo quejarse o entristecerse es pecado

Extractos

De la “Carta a los amigos de la cruz” de S. Luis María Grignion de Montfort)

Todos los creyentes debemos imitar a Cristo. Para imitar cómo llevó Él la cruz (como el cuadro de El Greco en este otro artículo):

12ª No se quejen jamás de la creaturas

No se quejen jamás voluntariamente y rezongando de las creaturas que Dios utiliza para afligirlos.

Para ello, distingan tres tipos de quejas en los sufrimientos:

  1. La primera involuntaria y natural: es la del cuerpo que gime, suspira, se queja, llora y se lamenta. Si el alma –como dije antes– acepta la voluntad de Dios en su parte superior, no hay ningún pecado.

  2. La segunda es razonable: si nos quejamos y manifestamos nuestro dolor a quien puede remediarlo, por ejemplo, al superior, al médico... Esta queja puede ser imperfección, si se expresa con demasiada preocupación; pero no es pecado.

  3. La tercera es pecaminosa: se da cuando nos quejamos del prójimo para librarnos del mal que nos mortifica, o para vengarnos, o cuando nos lamentarnos del dolor que padecemos consintiendo en esta queja y añadiendo impaciencia y refunfuñando.

(Jesucristo no se quejó en ningún momento de su detención, flagelación, coronación de espinas, subida al calvario, muerte en la cruz)

13ª Reciban siempre la cruz con gratitud

No reciban nunca la cruz sin besarla humildemente y con gratitud, y cuando Dios por su bondad les regale alguna cruz de mayor importancia, denle gracias de alguna forma especial y hagan que otros les acompañen en su acción de gracias, siguiendo el ejemplo de aquella pobre mujer que luego de

perder todos sus bienes en un pleito injusto, mandó en seguida celebrar una misa con el dinero que le quedaba, para agradecerle a Dios la buena suerte que había tenido.

El modelo de Jesucristo

“Jesús mismo tuvo pasiones muy bien ordenadas: amó, no solamente con la voluntad, sino también con el corazón, y lloró por Lázaro y por Jerusalén ingrata; dejóse llevar de la ira santa, sufrió temor, tristeza y desaliento; mas siempre tuvo esas pasiones sujetas bajo el dominio de la voluntad, y las subordinaba a Dios. Cuando, por el contrario, las pasiones son desordenadas, producen los más perniciosos efectos; es menester, pues, mortificarlas y disciplinarlas.” Teología ascética y mística. Tanquerey

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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