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Cómo nos daña la fealdad

Por mecanismos innatos. Por eso decimos que algo es tan feo “que daña la vista”,...

Por eso la apreciación de algo bello o feo es instantánea. Luego lo bonito tendrá un precio que no podamos pagar, pero eso es otra cosa.

Cuando nacemos venimos con unas reacciones innatas (si nos quemamos la mano, la retiramos). Luego adquirimos el uso de razón pero no anulamos esas reacciones innatas.

Cuando somos adultos no es que deje de dañarnos la fealdad, sino que:

Es decir, la fealdad y belleza la sufrimos o gozamos siempre, seamos conscientes de ella o no.

De pequeños debimos sufrir la fealdad y gozar de la belleza (no teníamos uso de razón para poder memorizarlas pero arrastramos toda la vida esos gozos y sufrimientos sin ser conscientes de ello, generalmente).

S. Tomás (ver cita al pie) explica que “en cierto modo”, al percibir las cosas las estamos recreando en nuestro interior (en nuestra alma). Lo que quiere el demonio haciéndonos percibir con los sentidos fealdad es que la recreemos en nuestro interior y lo vayamos llenando de eso. Idem de ideas feas: para eso están los “informativos”, la prensa, radio, los malos libros.

¿Qué consideramos feo o bello?

Consideramos feo (o bello) en base a tres criterios:

  1. El criterio del interés consciente (“Mi novio no es tan feo” -es rico-).

  2. Las experiencias pasadas que asociamos a lo que vemos pero cuyo recuerdo no somos conscientes ahora. (“No me gusta” -porque me recuerda una cosa que sólo percibimos subliminalmente, sin darnos cuenta).

  3. Lo que de forma innata nos parece feo (formas puntiagudas en las que podemos pincharnos, sabor amargo que es habitual en sustancias tóxicas, paredes inclinadas que parecen amenazar ruina,...)

Es decir, es al revés: no es que nos dañe la fealdad, es que percibimos como feo lo que nos daña o puede dañar.

Percibimos como feo lo que nos daña igual que percibimos como “mal olor” los que nos dañan (por ejemplo, pesticidas), o con “mal sabor” cuando algún alimento está en mal estado.

Para qué se usa la belleza y la fealdad

Cuando alguien quiere convencer (**) a otro de algo, puede usar:

  1. argumentos lógicos que hablan a la consciencia (el precio del auto que vamos a comprar * ).

  2. seducción que percibimos sin darnos cuenta (generalmente, a menos que fijemos la atención en ella): el tacto de la manilla de la puerta, el olor del interior o el blando de los asientos.

Es decir, la belleza y la fealdad son herramientas que se usan para convencer sin que el otro se de cuenta. Son parte de las técnicas de manipulación subliminal (*).

Uso de la fealdad para manipularnos

En estos tiempos en que el Demonio domina sobre la tierra, es normal que los que mandan nos rodeen cada vez más de cosas feas para conseguir sus objetivos:

Imágenes del uso de la fealdad (como arma subliminal) en el monasterio de Montserrat (España).

Imágenes del uso de la fealdad en Barcelona (España).

Los que mandan promueven la fealdad directamente (obras, decoraciones públicas, modas) o la promueven con su permisividad (“pintadas” en las paredes, fealdad moral de la delincuencia) con varios objetivos:

En este artículo sólo hablamos de la fealdad física (sobre los diversos tipos de fealdad / daño ver este otro artículo).

La belleza viene de Dios la fealdad del Diablo

La visión directa del Diablo nos daña tanto que nos mata.

La visión directa de Dios también nos mata mientras estamos en la tierra, y sólo en el cielo podremos soportarla cuando nos hayamos purificado antes lo suficiente en el purgatorio.

(*)

Los publicistas tienen 36 formas tipificados de manipular el lenguaje para convencer, saltándose la lógica. Ellas son sólo parte de las “técnicas subliminales”, junto a las que hacen con imágenes o sonidos. Las técnicas subliminales, igual que la hipnosis, no son “leyendas urbanas”, es la herramienta fundamental de los publicistas. (Ver artículo explicativo).

(**)

Hablamos de convencer, de ganar el alma del otro para su causa. No estamos hablando de coaccionar por la fuerza o amenazas.

Cita de la Suma Teológica

cada forma lleva inherente una tendencia. Ejemplo: el fuego, por su forma, tiende a elevarse y producir un efecto semejante a él. Ahora bien, la forma se encuentra de un modo superior en los seres dotados de conocimiento que en los desprovistos de él. En éstos, la forma determina a cada uno exclusivamente

en lo que le es natural. Así, pues, de esta forma natural se deriva una inclinación natural que es llamada apetito natural.” (las cosas redondas tienen el apetito natural de rodar, las flores de perfumar y colorear, los toros embestir, los hombres caminar,...)

En los que tienen conocimiento, cada uno de tal manera está determinado en su propio ser natural por su forma natural, que no le impide recibir las representaciones de otras especies, como el sentido recibe las representaciones de todos los objetos sensibles y el entendimiento las de todos los inteligibles. Así, el alma humana en cierto modo se hace todas las cosas por medio del sentido y del entendimiento. Por eso, los seres dotados de conocimiento se acercan a una cierta semejanza con Dios, en quien preexiste todo” (Suma Teológica I, q.80,a.1s)

Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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