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La condición de la mujer ahora y en otros tiempos

Índice

Su situación actual: la cosificación de la mujer

Los derechos de la mujer en el derecho romano

El Demonio odia especialmente a las mujeres

Su situación actual: la cosificación de la mujer

La propaganda de los que mandan nos dice que haciendo ciertas cosas la mujer "se cosifica", se degrada, se convierte en una cosa.

Y es cierto, todos podemos degradarnos de nuestra mejor condición (de Hijos de Dios, si estamos en gracia), a Hijos de Dios "mínimos" (a ser sólo prácticamente una criatura, si no estamos en gracia), o peor si pudiendo ni siquiera estamos bautizados, o peor si nos comportamos peores que los animales.

Pero los que mandan, al hablar de lo que degrada a la mujer, mienten para desviar la atención de la verdadera cosificación de la mujer (mientras que la promueven realmente por otro lado).

Y así, por todos los medios intentan que se olvide de su alma y piense sólo en su cuerpo:

Ciertamente que la mujer tiene, por biología, más interés por su belleza, y no es pecado mientras no se lleva al extremo: operaciones quirúrgicas para modelar su cuerpo, productos o tratamientos de belleza costosísimos,... (lo contrario: tatuajes y piercings son comunes también al varón).

“Día de la mujer”: invento del demonio para hacernos olvidar que la religión es lo mejor para que todos nos amemos (respetemos). En las épocas en que España fue más religiosa tuvimos una reina (Isabel la católica) y una almirante explorando el Pacífico (Isabel Barreto). Los ingleses también tienen una reina, con la diferencia de que ella es la cabeza de una secta luterana (anglicanos) y su marido el jefe de los masones (la masonería tiene como objetivo la destrucción del estado y de la Iglesia). En este articulo, Pilar Baselga explica muy bien la manipulación que reciben las mujeres ahora.

Los derechos de la mujer en el derecho romano

Ninguno. Es un objeto más de la casa.

Régine Pernoud, (importante historiadora), en su libro "Las mujeres en tiempos de las catedrales", algunos extractos de sus libros aquí), explica:

(En tiempos de la república,...)

"«En Roma, la mujer, sin exageración ni paradoja, no era sujeto de derecho... Su condición personal, la relación de la mujer con sus padres o con su marido son competencia de la domus, de la que el padre, el suegro o el marido son jefes todopoderosos... La mujer es únicamente un objeto».-1-Aun cuando su condición se mejora bajo el Imperio,..."
"prevalece intacto el poder del padre en cuanto al derecho de vida o muerte sobre sus hijos: su voluntad, en lo que se refiere al matrimonio de su hija, por ejemplo, sigue siendo «muy importante»; en caso de adulterio, es el único que tiene derecho a matar a su hija infiel, mientras que el marido sólo tiene derecho a matar a su cómplice;(...) En suma, desde el punto de vista del derecho romano la mujer no tiene en el sentido estricto de la palabra más existencia que un esclavo; (...) Las mejorías en la condición femenina tienen lugar, pues, tardíamente, bajo el Imperio y sobre todo el Bajo Imperio(...)
Cualquiera que sea esa protección a la mujer a la que da lugar poco a poco el aparato legislativo —cosa que ha ocurrido en muchas civilizaciones— se trata de un acontecimiento decisivo que se produce en el destino de las mujeres con la prédica del Evangelio. Las palabras de Cristo, predicadas por los apóstoles en Roma y en muchas otras partes del Imperio, no implicaban ninguna medida de «protección» para la mujer, pero enunciaban de la manera más sencilla y perturbadora la igualdad esencial entre el hombre y la mujer: «Quien repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio para con la primera; y si una mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio» (Marcos X, 11-12; Mateo XIX,9).

La mujer es la más beneficiada de la expansión del Evangelio, pues antes, sin él, el derecho romano legalizaba el infanticidio de las hijas menores (sólo dejaban una hija)

Además, imaginemos lo que representaba para un padre que su hija (única hija femenina) quisiera meterse a monja.

1: Consúltese el artículo de Robert Villers: «Le Statut de la femme à Rome jusqu'à la fin de la Républíque», en Recueil de la Société Jean-Bodin destinado a La Femme, t. Bruselas, 1959, pp. 177-189. Véase también en la misma colección el estudio de Jean Gaudemet: «Le Statut de la femme dans l'Empire romain», pp. 191-222, y la de F. Ganshof: «Le Statut de la femme dans la monarchie franque», t. II, 1962, pp. 5-58.

(Las enseñanzas del Evangelio no tienen nada que ver con lo que desde 1958 enseñan desde el Vaticano: ver más info aquí)

(El libro citado no se encuentra en librerías, sólo en bibliotecas, de segunda mano o en las redes P2P en formato electrónico)

El Demonio odia especialmente a las mujeres

Dios pudo hacerse hombre apareciendo directamente como tal, como niño o ya como adulto. Igual que se fue ascendiendo a los cielos, pudo venir descendiendo de ellos. Pero no, escogió nacer como todos los hombres, traído al mundo por una mujer, dejándose cuidar, amar, por una mujer durante los 9 meses de gestación. (En todo igual excepto que la concepción no fue por un varón sino por el Espíritu Santo).

Para ello le pidió permiso a una que había preparado preservándola del pecado original y “la más bendita entre las mujeres” que ha habido ni habrá jamás.

Gracias a que ella aceptó ("Fiat mihi secundum verbum tuum","Hágase en mí según tu palabra") Dios se hizo hombre, cumplió su misión y con ello nos reabrió las puertas del cielo (cerradas por el pecado de Adán y Eva).

Si ella no hubiera aceptado, seguiríamos sin poder entrar en el cielo. Que es lo que desea el Demonio por la envidia que nos tiene. Por eso odia tanto a las mujeres, porque son las que más se parecen a la "cooperadora necesaria" en que podamos ir al cielo.

Además de madre de Dios es madre (espiritual) nuestra, “reina de los ángeles” y "puerta del cielo": el que no tiene devoción a nuestra santísima madre, no entra en el cielo.

Ello unido a que el socorro a la Virgen es lo único que nos queda en estos tiempos (devoción hacia ella y práctica de su rosario), hace que el Demonio sea especialmente agresivo con sus lugares de peregrinación, sus templos (Santa María de Montserrat en España, la catedral de la Inmaculada en Nagasaki,...)



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Si somos creyentes (nuestra vida está dedicada a Dios, sea cual sea nuestro estado), todas las penas que suframos (hasta las más pequeñas) y las dificultades que (con la gracia de Dios) superemos para continuar viviendo y sirviéndoLe, nos sirven para pagar por nuestros pecados y ganar más mérito para la vida eterna. ¡Gran alegría en cada una!
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